Lunceford no necesitaba presentación. Cuando él entraba en una sala o aparecía en un escenario, uno sabía que era El Jefe. El trompetista Joe Wilder se unió a la orquesta y recordaba a Lunceford como “un tipo que era el epítome de lo que decimos: es un líder. Definitivamente lo era”.
Lunceford no necesitaba presentación. Cuando él entraba en una sala o aparecía en un escenario, uno sabía que era El Jefe. El trompetista Joe Wilder se unió a la orquesta y recordaba a Lunceford como “un tipo que era el epítome de lo que decimos: es un líder. Definitivamente lo era”.