Entre la comunidad afroamericana, la música y el baile siempre habían sido muy apreciados. En Nueva Orleans, por ejemplo, el número de pianos y fonógrafos per cápita era mayor en los barrios negros que en los blancos, a pesar de que una minoría no despreciable de afroamericanos tradicionalmente religiosos creía que el jazz y el blues debían considerarse y condenarse como “la música del diablo”.
Con José Manuel Corrales.