En esta prédica reflexionamos sobre el tipo de personas que somos dentro de la iglesia. Hay quienes suman y edifican, pero también quienes critican, dividen y desgastan la obra. Una “oveja que muerde” refleja inmadurez, falta de humildad y un corazón que no está dispuesto a ser enseñado.
Por otro lado, se resaltó el valor de las personas fieles: aquellas que sirven con amor, apoyan la obra, son humildes, agradecidas y permanecen firmes en todo tiempo. Dios nos llama a ser de los que edifican, no de los que destruyen, buscando siempre el bienestar de la iglesia por encima de intereses personales.