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En esta prédica aprendimos que el bautismo en el Espíritu Santo significa ser incorporados a Cristo y formar parte de Su cuerpo. Todo aquel que ha nacido de nuevo y ha creído en Jesús es parte de la iglesia, aunque muchos no comprendan plenamente esta verdad.
En el libro de los Hechos, el Espíritu Santo se manifestó con poder para confirmar que Jesús es el Hijo de Dios y para que el Evangelio fuera proclamado con autoridad. El propósito principal no fue solo la manifestación de señales, sino que las personas escucharan el mensaje, se arrepintieran y fueran añadidas a la iglesia.
Jesús prometió no dejarnos solos, y el Espíritu Santo vino para permanecer, guiar y fortalecer a los creyentes conforme a la voluntad soberana de Dios.
El sermón de esta tarde nos anima a confiar en Dios cualquiera que sea nuestra situación. Podemos atravesar retos, desafíos, aflicciones, necesidades, confusiones, decisiones difíciles por tomar y hasta llegar a experimentar el silencio de Dios; pero debemos confiar siempre en Él porque nunca falla. El predicador nos alienta a no preocuparnos por el futuro, sino a buscar el reino de Dios. Nos exhorta a tener paciencia, a adorar, a servir, a clamar a Dios, a no rendirnos, a esperar ese milagro; a tener confianza total en Dios.
El predicador analiza la tentación de Jesús en el desierto, donde Satanás le ofrece todos los reinos del mundo a cambio de adoración. Examina la naturaleza engañosa y limitada del poder de Satanás, quien actúa bajo el permiso divino pero no tiene autoridad absoluta. Se contrasta esta oferta fraudulenta con la promesa genuina de Dios en Salmo 2:8, donde el Padre entrega las naciones como herencia a Cristo. También se explican las implicaciones espirituales de este enfrentamiento para la vida del creyente y el gobierno espiritual del mun
La Biblia nos advierte que hay un juicio venidero, que la muerte es el camino que nos conduce a la eternidad y somos cada uno de nosotros quién decide dónde pasará su eternidad: en castigo eterno o en vida eterna. Hoy es el momento de arrepentirse de los pecados y dejar la indiferencia hacia Jesucristo. Dios es para siempre, acepte a Cristo en su corazón y disfrute la vida eterna que solo Él ofrece.
El Pastor asegura que existían gigantes en la tierra porque la Biblia hace mención de ellos unas 18 veces, en Génesis, Números, Deuteronomio, Samuel, siendo los más conocidos los Nefilim, fruto de una unión antinatural en Génesis, y otros como los hijos de Anac, y hombres como Goliat y sus hermanos. La versión más aceptada sobre los gigantes, es la que refiere que estos fueron el fruto de hombres endemoniados que se unieron a las mujeres, y de esa unión nacieron los gigantes.Se cree que por esa maldad, Dios mandó el diluvio. El Pastor nos hace reflexionar sobre el tema con las siguientes preguntas:- ¿De dónde surgieron entonces los gigantes post diluvianos?- ¿Por qué no hay gigantes hoy?- ¿Cuál es la razón de los gigantes?
Aunque Dios liberó a Israel de la esclavitud en Egipto, el temor en sus corazones los mantuvo cuarenta años en el desierto; sin embargo, Él nunca los abandonó, guiándolos y preparándolos con propósito para la tierra prometida. Esta historia nos enseña que nuestro caminar con Cristo exige avanzar sin mirar atrás, superando los obstáculos con fe, porque cada prueba tiene un propósito divino y Dios no nos trajo hasta aquí para volver atrás.
Antes de cada decisión, pausa y hazte esa pregunta. WWJD — ¿Qué haría Jesús? Te sorprenderá lo diferente que pueden ser tus elecciones cuando pones a Jesús en el centro. Predicaciones y sermones cristianos de la iglesia Tabernáculo Bíblico Bautista El Redentor en Vancouver, Canada. Pastor David Rodríguez
En la vida cristiana aprendemos que el caminar con Dios es un camino de perseverancia. La corona de vida es prometida a quienes permanecen firmes en la fe y continúan amando, honrando y sirviendo al Señor aun en medio de las pruebas.
La perseverancia no es para ganar la salvación, sino la evidencia de una fe genuina. Dios nos da las facultades, pero es nuestra decisión obedecer, crecer y mantenernos constantes. Amar a Dios, servirle y adorarle es un acto de voluntad.
En este caminar enfrentamos obstáculos, muchos de ellos nacen en el corazón. Por eso somos llamados a amar a Dios por encima de todo, alimentarnos de Su Palabra, amar a la iglesia, vivir con gratitud, madurar espiritualmente, ser firmes en la fe, tolerantes con otros, resistentes en la prueba y rápidos para perdonar. Así aprendemos a perseverar y a vivir una fe que honra a Dios.
En la prédica de hoy reflexionamos sobre una pregunta profunda: ¿a quién honramos más, a Dios o a nuestros hijos? A través del ejemplo de Elí, vemos cómo Dios declara que él honró más a sus hijos que al Señor, al no confrontar su pecado ni poner límites claros.
El problema no fue amar a los hijos, sino colocarlos por encima de Dios. Cuando se justifica el pecado, se evita la corrección o se teme perder el afecto de los hijos, el orden se rompe y el nombre de Dios es deshonrado. Esto no solo afecta al hogar, sino también al testimonio delante de otros.
Dios nos llama a ponerlo en primer lugar, porque solo cuando Él ocupa el centro, la familia puede caminar en verdad, obediencia y propósito.
¿Estás en algo imposible, atrapado entre el miedo y la impotencia? Este mensaje recuerda la promesa de Dios en Deuteronomio 7. Así como Él liberó a Israel con mano poderosa, hoy nos dice: Yo te ayudo. Ninguna esclavitud, ningún mar rojo, ningún muro es más grande que Su ayuda. Con la ayuda de Dios, todo es posible. ¿Estás listo para confiar?
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