Como profesional, apodado Iron Boy, fue número uno argentino supermediano e integró el equipo olímpico. Nació hace 52 años en la ciudad de Pergamino y está radicado en la Capital Federal, donde es entrenador en el Gimnasio Bethania. Además, desarrolla una vida paralela como mago y ventrílocuo que lo ha llevado a recorrer la Argentina de punta a punta.
«El boxeo tiene que ser una materia más; el boxeo te enseña respeto, hombría, ser más duro, aguantar; montones de valores», se apasiona caminando la ciudad con destino al Gimnasio Bethania, situado en la calle Humahuaca, barrio porteño de Almagro; «hay gente que habla con una [supuesta] autoridad y no se banca una cachetada; los pibes, los viejos; hablan con una falta de respeto total», espera en una esquina, con el bolso en la mano derecha, mientras pasan los autos; «entonces, me parece a mí que el boxeo, guantear y todo eso, te pone en tu lugar; al que es soberbio lo baja y al que es débil lo fortalece».