Sus hijos Federico y Carolina, junto a sus parejas Marina y Pablo, sobrevivieron a la masacre ocurrida el 30 de diciembre de 2004 en el barrio porteño de Once. Con cientos de muertos y miles de heridos, el incendio que cumplirá dos décadas en algunos días es uno de los peores horrores del rock en el mundo. El entrevistado es fundador de la Asociación Civil Cambiar Esta Realidad.
«Esa noche fue infernal para todos los que estuvimos ahí; con mi compañera [Silvia, la esposa] empezamos a buscar a nuestros hijos; habían asistido Federico con Marina, mi nuera, y Carolina con Pablo, mi yerno; habían decidido los cuatro compartir el recital con la idea de despedir el año; vi la solidaridad de la gente; se acercaban coches en contramano por [la calle] Bartolomé Mitre, el andarivel de los colectivos; bajaban a sus familiares, subían a heridos que desconocían y preguntaban ¿adónde lo puedo llevar, a qué hospital? la mayoría recaló en el Ramos Mejía, que fue el centro de distribución».
Ernesto Vicente Lemos se declara anarquista y admirador de Roberto Arlt. Dos convicciones que ha profundizado a lo largo de las dos décadas que están por cumplirse de la masacre del boliche República de Cromañón. Un horror del que lograron escapar sus dos pichones y sus respectivas parejas. Que en el futuro traerán cinco nietos al mundo: Ramiro, Julieta, Joaquín (hijos de Federico y Marina), Lourdes y Martina (de Carolina y Pablo). El incendio ocurrido el 30 de diciembre de 2004 en el barrio porteño de Once, con cientos de muertos y miles de heridos, es una de las peores hecatombes del rock en el planeta.
«El Estado fue incapaz de responder de manera adecuada, aunque se habían hecho cuatro cursos de catástrofe en la ciudad después de lo acaecido en la Embajada de Israel [1992, una camioneta bomba provocó 22 muertos y 242 heridos; el hecho está impune] y en la AMIA [Asociación Mutual Israelita Argentina, 1994, un coche bomba dejó un saldo de 85 fallecidos y 300 lastimados; también carece de veredicto judicial]; Silvia había concurrido a los cuatro como profesora de Enfermería y como enfermera profesional; poseía el grado de supervisora en caso de catástrofe; sin embargo, esa noche no fue convocada».