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Su hija Sofía Victoria tenía 17 años cuando expiró rehén del boliche del barrio porteño de Once, hace dos décadas. En honor de ella y todos los afectados inauguró un ejemplar de una especie curativa, usada para preservar la memoria. Está plantado en el santuario, frente al edificio del horror. "Cromañón; 2004-2024", reza una placa junto al tronco; "árbol de la vida; cingko biloba; por los que no están / por los que están / por los que vendrán / donde hubo tanta muerte / que florezca la vida / que no se repita".
Gerardo Humberto Rossi, el padre de sus tres hijos, tenía 36 años al morir como consecuencia del incendio del 30 de diciembre de 2004 en el boliche del barrio porteño de Once. Ella recordó las dos décadas del horror en el Hito de la Memoria erigido en la Plaza Bynnon, partido bonaerense de Almirante Brown. Participaron familiares, víctimas, artistas y funcionarios.
«20 años después volvemos a juntarnos porque creemos que la memoria debe ejercitarse; contando con este monumento, tenemos que recordar todos los años a los chicos y las chicas de Cromañón; el recorrido por los instantes que se erigen como hitos en el largo camino de lucha da muestra de que los avances que conquistamos en la brega por memoria, verdad y justicia llegaron gracias a la unidad y la insistencia para mantener vivo el recuerdo en todos los ámbitos; en cada espacio de trabajo y de estudio; en los barrios; en ese rincón que habitamos; para que no haya nunca más otro Cromañón».
María Matilde Mangone se presenta como «pareja de Gerardo Rossi, víctima de Cromañón». El amor entre ambos gestó tres hijos, Ayax, Anahí y Fabrizio. El aludido, además progenitor de Natalia, fruto de una relación previa, trabajaba en la seguridad de la banda Callejeros y fue al recital del 30 de diciembre de 2004 con una emoción singular. Ese día era su cumpleaños 36 y la última, que tenía 17, lo acompañó exultante al boliche República de Cromañón a modo de festejo. Al muchacho ni siquiera se les pasó por la cabeza que el espectáculo sería una trampa diabólica que provocaría cientos de muertos, incluido el mismo.
«Quiero decir algo sobre la actualidad del movimiento; lo que está sucediendo; lo que sucedió en estas dos décadas; por ahí para nosotros es como que hace todo ese tiempo que estamos girando en lo mismo; está bueno hacer un parate y mirar para atrás; a 20 años de Cromañón la necesidad de hacer un balance del camino que hemos recorrido constituye un ejercicio necesario para continuar con esta lucha por la memoria, la verdad y la justicia; la masacre constituyó un hito doloroso en la historia argentina; la lucha por justicia está centrada probablemente en algunos capítulos que vale la pena recordar».
Sus hijos Federico y Carolina, junto a sus parejas Marina y Pablo, sobrevivieron a la masacre ocurrida el 30 de diciembre de 2004 en el barrio porteño de Once. Con cientos de muertos y miles de heridos, el incendio que cumplirá dos décadas en algunos días es uno de los peores horrores del rock en el mundo. El entrevistado es fundador de la Asociación Civil Cambiar Esta Realidad.
«Esa noche fue infernal para todos los que estuvimos ahí; con mi compañera [Silvia, la esposa] empezamos a buscar a nuestros hijos; habían asistido Federico con Marina, mi nuera, y Carolina con Pablo, mi yerno; habían decidido los cuatro compartir el recital con la idea de despedir el año; vi la solidaridad de la gente; se acercaban coches en contramano por [la calle] Bartolomé Mitre, el andarivel de los colectivos; bajaban a sus familiares, subían a heridos que desconocían y preguntaban ¿adónde lo puedo llevar, a qué hospital? la mayoría recaló en el Ramos Mejía, que fue el centro de distribución».
Ernesto Vicente Lemos se declara anarquista y admirador de Roberto Arlt. Dos convicciones que ha profundizado a lo largo de las dos décadas que están por cumplirse de la masacre del boliche República de Cromañón. Un horror del que lograron escapar sus dos pichones y sus respectivas parejas. Que en el futuro traerán cinco nietos al mundo: Ramiro, Julieta, Joaquín (hijos de Federico y Marina), Lourdes y Martina (de Carolina y Pablo). El incendio ocurrido el 30 de diciembre de 2004 en el barrio porteño de Once, con cientos de muertos y miles de heridos, es una de las peores hecatombes del rock en el planeta.
«El Estado fue incapaz de responder de manera adecuada, aunque se habían hecho cuatro cursos de catástrofe en la ciudad después de lo acaecido en la Embajada de Israel [1992, una camioneta bomba provocó 22 muertos y 242 heridos; el hecho está impune] y en la AMIA [Asociación Mutual Israelita Argentina, 1994, un coche bomba dejó un saldo de 85 fallecidos y 300 lastimados; también carece de veredicto judicial]; Silvia había concurrido a los cuatro como profesora de Enfermería y como enfermera profesional; poseía el grado de supervisora en caso de catástrofe; sin embargo, esa noche no fue convocada».
La Jornada Interdisciplinaria de Justicia y Seguridad Vial, realizada en la Universidad del Museo Social Argentino, a cuadras del Obelisco porteño, lo tuvo como disertante. Es fundador de un estudio pericial especializado y docente de la Facultad de Derecho de la UBA. Colabora con la Fundación Estrellas Amarillas, la Asociación Civil Madres del Dolor y otros colectivos de víctimas.
«España ha desarrollado desde hace muchísimo tiempo campañas publicitarias; emprendió un reaggiornamiento del Código Penal; las sanciones; la formación; la educación vial escolar; el endurecimiento en la forma de extensión de licencias de conducir; ha hecho un combo; los países latinoamericanos miramos hacia allá como nuestro horizonte a seguir; ellos registraban tasas de mortalidad muy superiores a la República Argentina 20 años atrás; hoy sus muertos en tragedias vehiculares son menores o casi iguales a los de alguna de nuestras provincias; se puede generar un cambio; hay que tener las herramientas».
Walter Gorbak dijo presente en la Jornada Interdisciplinaria de Justicia y Seguridad Vial realizada el 12 de diciembre en la Universidad del Museo Social Argentino. Su palabra sonó en el Auditorio Garbarini Islas de la entidad académica con sede en Corrientes 1723, a cuadras del Obelisco porteño, entre opiniones numerosas, trascendentes y heterogéneas. Como merece el asunto en cuestión, que es crucial, urgente y complejo. Algunos actores del sector civil calculan que cada hora pierde la vida un argentino en hechos vehiculares. La cifra de heridos de diversa gravedad multiplicaría ese número hasta diez veces.
Gabriela, la cuarta de sus cinco hijos, tenía 15 años cuando falleció víctima de la masacre, hace casi dos décadas. Con cientos de muertos y miles de heridos, el incendio del 30 de diciembre de 2004 en el barrio porteño de Once es uno de los peores desastres del rock en todo el mundo. Ella espera que el inmueble del drama sea convertido en un espacio de memoria.
La cuarta de sus cinco hijos contaba 15 años cuando falleció víctima de la masacre de Cromañón, hace casi dos décadas. Con cientos de muertos y miles de heridos, el incendio del 30 de diciembre de 2004 en el barrio porteño de Once es una de las peores ignominias del rock en todo el mundo. Ella anhela que el inmueble del drama sea convertido en un espacio de memoria.
"Podríamos haber muerto las tres, no solamente Gabriela; si ella no me hubiera dado su bolso yo no estaría en este mundo; ojalá hubiera sido así, digo la verdad; capaz Dios dispuso las cosas para que esto no quede impune, que todo salga a la luz, que yo no me calle; no solo pidiendo justicia para mi hija, sino para todas las víctimas; Cromañón nos dejó una marca muy grande en el corazón; nunca me le callé a ninguno; a alguien le puede tocar una enfermedad incurable, un cáncer; aunque en la actualidad hay terapias; pero verla morir porque se le quemaron todas las vías respiratorias, verla sufrir...".
Amelia Esperanza Ramela usa su apellido de casada. Por eso la prensa la ha mencionado a lo largo de dos décadas de lucha como Amelia Borrás, mamá de Gabriela. La cuarta de sus cinco hijos contaba 15 años cuando falleció presa de la masacre ocurrida el 30 de diciembre de 2004 en el barrio porteño de Once. La voz del testimonio y Cintia, hermana de la fallecida, de 16, escaparon de milagro. Las tres habían sido las primeras personas en ingresar al recital de la banda Callejeros ignorantes de que se encontraban a merced de una cámara de exterminio que provocará cientos de muertos y miles de heridos.
"Con la RCP [reanimación cardio pulmonar] que le hice en la calle la pude revivir para ponerla en la ambulancia de Vittal [servicio de emergencias]; era un chofer que solamente tenía una camilla; le pregunté adónde de la iba a llevar; me contestó al [Hospital] Fernández; le expliqué no te puedo acompañar porque me falta Cintia, de 16; cuando salí estaban todos los cuerpos, los pibes tirados en calzoncillos; yo otra vez me estaba por desplomar; vi a Cintia con dos muchachos; le dije vamos que tenemos que llamar a papá; me replicó Má, se me soltó de las manos, se me soltó de las manos para ir a buscarte".
El primero de sus tres hijos tenía 14 años cuando falleció víctima de la masacre de Cromañón, hace casi dos décadas. El incendio del 30 de diciembre de 2004 en el barrio porteño de Once es uno de los peores horrores del rock en el mundo. La cifra oficial de fallecidos suma 194, pero ella y otros afirman que la verdadera alcanza 317. Los sobrevivientes, por su parte, superarían los 4500.
"Estoy un poco emocionada por la vivencia de todo lo que [José] Guzmán preparó; sobre todo el homenaje a Lucas y a Mariana [Márquez], una mamá que nos dejó muy tempranamente; ella le dijo las verdades a [Aníbal] Ibarra, tuvo el coraje de hablarle en la cara; había muchos familiares que en ese momento creían que teníamos que callarnos, llamarnos a silencio; en estos 20 años pudimos estar en la calle como buenos padres que queremos justicia y memoria; que no se olvide, que la sociedad conozca".
Miriam Beatriz Araneda tiene tiene voz plácida, actitud estoica y mirada penetrante. Observa al público con el micrófono en la mano sentada entre los panelistas reunidos en el Galpón 3 de la antigua estación ferroviaria de González Catán, partido de La Matanza. Es 30 de noviembre. José Guzmán, papá de Lucas, víctima de la masacre de Cromañón, igual que David, el vástago de ella, los ha convocado para anticipar el 20 aniversario del incendio ocurrido el 30 de diciembre de 2004 en el barrio porteño de Once. Dentro del centenar de espectadores está Leonardo Chaparro, marido de ella y progenitor del fallecido.
La palabra de la protagonista de esta crónica se extiende entre los minutos 4.50 y 8.50 del audio situado debajo del título. El tramo inicial contiene la apertura fervorosa del anfitrión. El marco del convite es singular y emotivo. El Galpón 3, construido hace alrededor de un siglo y hoy usado como espacio vecinal de actividades solidarias, culturales y deportivas, constituye una estructura de madera y chapa con dimensiones colosales. Detrás de cada invitado a hablar hay un cartel con su nombre y el de las víctimas ("Miriam, mamá de David"). Alrededor hay infinidad de afiches con símbolos, frases y fotos.
El proyecto otorga carácter vitalicio, integral y más abarcativo en cantidad de beneficiarios a la asistencia vigente. Se votaría el 12 de diciembre, a días de cumplirse dos décadas de la masacre ocurrida en el barrio porteño de Once. Un grupo nutrido de demandantes reclamó en la vereda del parlamento que se reconozca a 194 muertos y a 4500 damnificados que se salvaron.
«Agradecemos la presencia de las legisladoras Celeste Fierro y Victoria Montenegro; gracias por venir, estar acá; somos familiares y sobrevivientes de la masacre de Cromañón; seguimos después de 20 años reclamando una ley de reparación integral definitiva; que después de 20 años el Estado se haga cargo de manera constante de los que nos ha tocado vivir la noche del 30 de diciembre de 2004; este proyecto contempla entre otras cosas la apertura del padrón para los sobrevivientes y familiares; la apertura también del plan de salud mental, que viene fallando desde el principio en la Ciudad de Buenos Aires...».
Jorge Kehiayán, uno de los que logró escapar del horror, introduce a través del megáfono la manifestación en la vereda de la Legislatura, junto a las vallas y los policías que cierran el paso hacia el edificio. Es viernes 29 de noviembre. Las medidas de seguridad son consecuencia de los incidentes que hace 24 horas aclimataron la controvertida modificación de la ley de enfermería. El proyecto que explica el orador otorga carácter vitalicio, integral y más abarcativo en cantidad de beneficiarios a la asistencia actual. Se votaría el 12 de diciembre, a días de cumplirse dos décadas de la masacre.
La segunda de sus cinco chicas tenía 19 años cuando falleció víctima de la masacre de Cromañón, hace casi dos décadas. Con cientos de muertos y miles de heridos, el incendio del 30 de diciembre de 2004 en el barrio porteño de Once es el peor desastre del rock en el mundo. La cifra oficial de fallecidos es 194, pero la voz del testimonio cree que la cifra verdadera alcanza 317.
"Marianela era la segunda madre en mi casa; yo fui mamá y papá; viví distintas experiencias; la más chiquita [Iara] tenía dos años y medio; estaban Sole de 17, Leonela de 15, Mari de 19 y Claudia de 23, que había formado su hogar; ella era la más centrada, mi mano derecha; yo me podía ir a trabajar porque sabía que las otras estaban cuidadas; era excelente persona; a 20 años hay amigos que vienen, me abrazan y me dicen la Flaca siempre en mi corazón; un orgullo para mí; cuando pasó esto fue un derrumbe en la familia; fue como que nos sacaron todo; mi mano derecha, la hermana, la compañera, la amiga".
Mónica Gabriela Schildt habita aún la misma casa del barrio de Texalar, partido de Morón. De ese domicilio salió su hija Marianela Rojas la tarde del 30 de diciembre de 2004 desbordante de felicidad, aunque con destino aciago. A las 21.30, al cabo de un rato de travesía a bordo del Ferrocarril Sarmiento, la chica y algunos amigos ingresaron al boliche República de Cromañón para ver un show de la banda Callejeros. Más de un día después, a las 20 del día siguiente, tras recorrer desesperada la ciudad buscando noticias, la madre leerá su nombre en la lista de muertos puesta en la entrada de la Morgue Judicial.
"En el afán de hacer justicia una cazaba la foto y la bandera y las demás hijas quedaban a la deriva; gracias a Dios, si bien hubo muchos bajones, disminuyeron las notas en la escuela, no llegaron a querer lastimarse o una cosa así; hay algo que nos mantuvo unidos, que fue permanecer en el santuario; ese sitio para nosotros es tenerla a ella; sentarnos ahí es una caricia; una de mis otras hijas hace murales y mi yerno tatúa; el pintó el mural grande que está en la puerta [de Cromañón; un cielo con ángeles, una cadena, un candado y la frase: Pudieron apartarlos de nuestro lado, jamás de nuestros corazones]".
Suman casi tres décadas mendigando verdad y justicia. Marcela Brenda, su única hija, tenía seis años cuando el 5 de febrero de 1996 murió aplastada por una escultura colocada de forma ilegal en los Bosques de Palermo de la ciudad de Buenos Aires. Hoy el sitio de la tragedia lleva el nombre de la víctima, como recuerdan la placa y el cartel recientemente inaugurados.
"En el terreno judicial tenemos que esperar una resolución de la Corte Interamericana de Costa Rica; está en pleno trámite; nosotros hemos cumplido una serie de requisitos; falta la respuesta del Estado Argentino; no creo que haya novedades hasta el año próximo; no quiero arriesgar una fecha; posiblemente, si hay una buena noticia tendremos que viajar con nuestros abogados; con el costo del traslado; los abogados nos tienen que pasar un presupuesto; para hacer justicia en la parte penal; esto pertenece al ámbito del corazón y lo sentimental; quiero aprovechar la ocasión para dar a conocer la novedad".
Eduardo Rubén Iglesias habla claro, pausado y sereno mientras siente el contacto del sol del mediodía que se cuela entre el follaje. Está de pie junto a su esposa Nora Ester Ribaudo, compañera de la vida y de la lucha. El matrimonio suma casi tres décadas mendigando verdad y justicia. Marcela Brenda, su única hija, tenía seis años cuando el 5 de febrero de 1996 murió aplastada por una escultura colocada de forma ilegal en un área de tránsito peatonal de los Bosques de Palermo. El Máximo Tribunal de la República, contra la evidencia y la lógica, declaró el caso "insustancial y carente de trascendencia".
"Agradezco a todos infinitamente", se emociona ella; "a las Madres del Dolor, de las cuales formo parte", agrega mientras luce dos prendedores sobre el corazón, uno de la entidad civil y otro de la niña; su esposo tiene uno igual a este; "personas que nos acompañan y dan fuerza; vamos Nora; son hermosas personas en cuerpo y alma; dejan todo, incluso el sufrimiento, para llevar apoyo a los demás; es un compromiso que asumieron y yo un poco también, de dar una mano a quienes pasan por lo mismo, muertes evitables; no sé cómo abrazarlos a todos y decirles que estoy agradecida de todo lo que hicieron".
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