por Francisca Chávez, de El Bolsón, Río Negro, Argentina
(Foto: La era, de Diego Rivera)
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Cuando todo sea incierto / y cierto temor en el viento sople; / que cual soplete del infierno / te queme hasta el nombre.
Y no me nombres en tu vida, / que no es la vida de un hombre, / porque el hombre se suicida; / y suicida se vuelve pobre.
Cuando ya nada sea cierto / y lo incierto sea tu nombre, / que se esconde en un misterio; / de ministerios que te esconden
en ese lúgubre momento / en el que al infierno reconoces; / y las luces se murieron / en cruces que ya conoces.
Cuando te des por vencido / y abatido desesperes; / agonizando adolorido / mientras sangras por las sienes.
Ahí tirado y deprimido, / alcoholizado de hastíos; / ahí renaces o mueres mi querido, / porque así siempre ha sido.
Cuando rueda lentamente / en el fango tu cabeza / y ves los ojos de la muerte / que te miran bien de cerca.
Cuando se acerca el final / y al final de la acera / la llama de la vela / titila y se va a apagar.
Justo ahí en ese limbo / diario purgatorio frío / renace la llama de Cristo / o te vuelves Lucifer mismo.
y te convertís en la serpiente / de la cola a la cabeza / y es tu fortaleza su veneno / si en tu cráneo no hay entereza.
Si sobrevivo a la pereza, / verás el reino de los cielos / y los ciegos de orejas / escucharan a Dios de nuevo.
Si no me mata la tristeza, / qué es la peor maleza que haya visto, / insisto que verás mi grandeza / en la fiereza de mis dichos.
A lo JesuCrista y Saiyajin, / con el sable de SkyWalker, / hoy la vine a partir, / cuando escuché el Walkie Talkie.
Sonó un código tres por ahí / y voy a acudir de inmediato, / ya de facto estoy aquí, / soy de la pólvora el nitrato.