Su hijo contaba 19 años cuando el 14 de septiembre de 2002 fue secuestrado, torturado y ahogado por policías en el Riachuelo, barrio porteño de Nueva Pompeya. Tres uniformados recibieron perpetua y otros seis penas menores. El domingo 21 de septiembre se cumplieron 23 años del hallazgo del cuerpo y la familia recordó a la víctima junto a una multitud.
"No sé por donde empezar; primero quiero darles gracias a todos por estar acompañándonos; (...) me pasa en estos tiempos que parece que fue ayer lo que pasó, me acuerdo latente, paso por paso, cómo se fue dando todo; aunque hay cosas que realmente no sé; quiénes eran, quién estaba al lado mío; (...) desde un principio, cuando encontraron el cuerpo de Ezequiel dije que los perdonaba; muchas personas me criticaron por eso; entonces tuve que aclarar que perdonaba al hombre no el acto del hombre".
Dolores Sigampa habla con el micrófono en la mano de pie sobre el pasto húmedo a pocos metros del sitio donde hace 23 años le quitaron la vida a su hijo de 19. Alrededor hay una multitud que mezcla familiares, amigos, militantes, autoridades y compañeras del grupo Madres en Lucha Contra la Violencia Institucional. A espaldas de la oradora, a más de un centenar de metros, se divisa la gigantesca estructura de hierro del Puente Ezequiel Demonty, rebautizado con el nombre de la víctima por el Congreso de la Nación.
"Igual, les tengo que confesar algo; de los nueve policías hay uno que todavía no perdoné; quiero confesarlo en público porque quiero sanar realmente; (...) pero no quiero entristecerlos, porque Ezequiel era alegría; (...) me gustan las frases, cuando hago las invitaciones busco; esta dice: no te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento, aun hay fuego en tu alma, aun hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo; gracias por acompañarnos".
La voz emocionada de la madre abarca los minutos 31 a 34 del audio de esta nota, cuyo sonido lamentablemente es defectuoso en varios pasajes porque se encuentra saturado. La evocación de ella cierra una serie durante la cual el micrófono pasa de mano en mano. Luego de las palabras de los disertantes, la familia como todos los años repartió claveles multicolores entre los presentes y lanzó al agua del Riachuelo un arreglo floral flotante con una foto de Ezequiel que se alejó arrastrado por la corriente hasta perderse de vista.