Isaías 58:11 “Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan.”
Propósitos. Cuantos propósitos tenemos al comenzar el año, a mitad de año y cuando nos acercamos a su final. Y cuántos de esos propósitos que hemos establecido realmente llegamos a cumplirlos.
Pero ¿Qué es un propósito? Según el diccionario RAE dice que un ‘propósito es un objetivo que se pretende conseguir.’
En nuestro versículo de inicio leemos el propósito de Dios para con su pueblo escogido. Él quiere ser su Pastor siempre, para saciar el alma cansada, restaurar las fuerzas y ser bendecido y de bendición para que nunca tengamos necesidad de nada y así poder bendecir a otros.
Ese es el propósito de Dios. Pero para llevar a cabo esos propósitos; Dios Padre tenía que poner en orden algunos asuntos en nuestra vida. Es decir, que para cumplir un propósito se debe seguir una disciplina, un orden para llegar a esa meta.
Deuteronomio 7:6 leemos: “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.” Ahora bien para poder ser ese pueblo especial Dios tenía que hacernos especiales. Ya que por nosotros mismos solo éramos parte de su creación.
Y ¿qué puede ser más especial que un hijo o una hija? No hay nada más que pudiera satisfacer el corazón de Dios, sino el hacernos sus hijos e hijas. Y lo consigue cuando Jesucristo decide venir a la tierra y dar cumplimiento al deseo del Padre de hacernos un pueblo especial. (Juan 1:12-13 “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13_ los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.