Asiria era un gran imperio en los tiempos de Ezequías, controlaba la mayor parte del Medio Este. Desde una pequeña franja de tierra localizada en lo que hoy en día es Irán e Irak, comenzó a establecer su poder. Las fronteras asirias se extendieron a las fronteras de Israel, haciendo de este uno de los más grandes imperios de la historia antigua. Salmanasar V destruyó el reino del norte (el Israel de entonces), y su nieto, Senaquerib trató de someter a Judá, el reino del sur, bajo su control.
Senaquerib tenía la intención de conquistar las ciudades fortificadas de Judá, para luego forzarlas a pagarle tributo. Les demandaba el pago de impuestos en forma de ganado, vino, equipo de guerra (caballos, carros, armas), oro, plata y cualquier cosa que agradara al rey invasor.
Cuando el rey de Judá, Ezequías fue confrontado con el alarmante prospecto de la invasión asiria, tomó dos decisiones importantes. Hizo todo lo que pudo para manejar la situación, y confió a Dios los resultados.