El temor, la inseguridad, la desconfianza y cosas semejantes a estas, son cosas con las cuales el hombre siente que son normales sentirlas porque durante casi toda su vida ha convivido con ellas. Por esa razón le cuesta confiar plenamente en Dios Padre y su Hijo Jesucristo.
Cada uno de nosotros hemos sido prisioneros del temor en un momento dado: temor al rechazo, a ser mal interpretados, a la inseguridad, a la enfermedad e incluso a la muerte. El temor es una sombra negra que nos envuelve y finalmente nos aprisiona dentro de nosotros mismos.
Pero se puede vencer el temor por medio de la luz libertadora del Señor que nos da salvación. Si quiere disipar la oscuridad del temor en su vida, recuerde junto con el salmista que el Señor es su luz y su salvación. Salmo 27:1 “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?”
El salmista en muchos de sus salmos nos habla de lugares tenebrosos, lugares de oscuridad, sobras de muerte. Todas ellas hablan de una misma cosa y es el temor. Pero junto con todos estos adjetivos, encontramos la palabra salvación y luz de parte de Dios.