Hay varios pasajes en el Antiguo Testamento que hablan de los REFAÍTAS (o REFAIM), y el contexto los describe como gigantes. REFAIM (valle de gigantes) era un llano FÉRTIL al sur de Jerusalén, 5 km. de Belén. Era una área productiva (Isaías 17:4-5); David derrotó dos veces a los filisteos en este valle (1 Crónicas 14:8-16).
El nombre de estas personas significa literalmente "TEMIBLES".
La palabra hebrea REFAÍTAS tiene dos significados diferentes: primero, en la literatura poética, se refiere a los espíritus de los difuntos cuyo morada era el Seol. Era una descripción figurada de los muertos, similar al concepto de fantasma. El segundo significado, "un pueblo poderoso de alta estatura que vivió en Canaán". La palabra no parece ser un término etnocéntrico como "Judío" o "Egipcio", sino que es más bien un término DESCRIPTIVO.
Los REFAÍTAS son como los puntos CIEGOS; lo que aparentemente NO VEMOS, NO PERCIBIMOS y se requiere arrancar de raíz en nuestras vidas.
En Juan 9:39, Jesús afirma que vino a la tierra para ayudar a la gente a ver sus puntos ciegos. En Mateo 7:3-5, se afirma que para ayudar a los demás, primero hay que ocuparse de los propios puntos CIEGOS. En 1 Corintios 11:31, se afirma que si se examina a uno mismo, no se será juzgado. ORAMOS por nuestra claridad, por nuestro entendimiento. “Fíjate SI VOY por mal camino, y guíame por el camino eterno (SEGURO)” (Salmo 139:24).
"Y el que, siendo físicamente incircunciso, cumple la ley, te juzgará a ti, que con la letra y la circuncisión eres transgresor de la ley” (Romanos 2:27).
Esto guarda relación con la inconveniente y antibíblica distinción hecha por el catolicismo romano entre pecados mortales y veniales junto con su correspondiente orden penitencial, pues esta clasificación tiene la particularidad de introducir la perniciosa creencia de que hay “pecadillos” o pecados pequeños que pueden ser tolerados y cometidos sin consecuencias serias.
Pero el hecho es que la LAXITUD ante cualquier pecado consciente y aparentemente trivial e inofensivo; va SOCAVANDO los principios cristianos y gradualmente da lugar a pecados mayores con consecuencias cada vez más serias, dolorosas y difíciles de resolver o revertir. Vincent Barry dice que, aunque la expresión “No te preocupes por pequeñeces” puede ser un buen consejo si por ello entendemos no ahogarse en un vaso de agua o evitar reacciones desproporcionadas para las circunstancias, hay que tener cuidado de no poner en práctica esta máxima irreflexivamente, ya que entonces deja de ser una pauta para vivir de manera racional y se convierte en una justificación para vivir sin PRINCIPIOS.
“¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las PASIONES que luchan dentro de ustedes mismos?” (Santiago 4:1), que se vuelven tan FAMILIARES, discretas y domésticas al circunscribirse casi por completo a nuestro más bien anónimo contexto inmediato, que se convierten en puntos CIEGOS en nuestra visión de la realidad, como si el mal fuera un asunto externo que se encontrara siempre más allá de nosotros.