En América Latina, la depresión es la ENFERMEDAD mental MÁS común, y la prevalencia varía según el país: Brasil es el país con mayor prevalencia de depresión en la región, con un 7.8%. Cuba tiene una prevalencia de 7,5%. Paraguay tiene una prevalencia de 7,2%. Chile y Uruguay tienen una prevalencia de 7%.
Perú tiene una prevalencia de 6,8%. Argentina, Costa Rica y República Dominicana tienen una prevalencia de 6,7%.
En América Latina y el Caribe, la pandemia de COVID-19 aumentó la prevalencia de la DEPRESIÓN en un promedio de 35%. La pandemia también aumentó la prevalencia de la ansiedad en un promedio de 37%.
La DEPRESIÓN es un TRASTORNO mental que puede afectar a cualquiera, pero es más probable que se presente en personas que han sufrido abusos, pérdidas graves u otros eventos estresantes. Quienes sufren de depresión pueden EXPERIMENTAR intensos sentimientos de tristeza, IRA, desesperanza, fatiga y una variedad de otros síntomas. Pueden empezar a sentirse INÚTILES y aún pensar en el suicidio, perdiendo interés en cosas y personas con las que antes disfrutaban. Con frecuencia la DEPRESIÓN es provocada por las circunstancias de la vida, tales como la pérdida del trabajo, la muerte de un ser querido, el divorcio o problemas psicológicos como el abuso o la baja autoestima.
El cuerpo y el ALMA están ENTRELAZADOS. La DEPRESIÓN aumenta la oscuridad típica de la mente caída, resultando en un corazón más duro y egocéntrico. Nuestro corazón nos ENGAÑA (Jeremias 17:9). Sentimos una especie de NUBE de duda y temor siempre encima, y una NEBLINA que no nos deja ver las cosas como son. Comenzamos a pensar que esto nunca se irá. Los problemas parecen más grandes que las promesas de Dios, y las heridas y el dolor vencen nuestra fe. Como resultado, perdemos de vista que este mundo no es nuestro hogar. En vez de buscar las razones para ALABAR al Señor, preferimos maldecir nuestra crisis.
Cuando la DEPRESIÓN es por pecado, la solución es arrepentirnos. Es posible que la DEPRESIÓN sea un llamado de Dios para volvernos al redil y sanarnos, porque el pecado nos esclaviza y nos SEPARA de Dios. Oseas 6:1 nos dice: “Vengan, volvamos al Señor. Pues Él nos ha desgarrado, pero nos SANARÁ; nos ha herido, pero nos vendará”. Sabemos que Jesús, el BUEN pastor, dejará las 99 ovejas para buscar a aquel que salió del redil (Lucas 15:4-7).