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En la manifestación del pasado domingo en Madrid por la vivienda y contra la subida de los precios, comenzó a tomar fuerza una idea, empujada por el Sindicato de Inquilinas: una huelga de alquileres. Puede ser total, reservando la renta para cuando se llegue a un acuerdo, o parcial; masiva, o en zonas concretas; en un tiempo determinado, o indefinida. Las modalidades son lo que está por determinar y lo que se quiere organizar, pero hay experiencias positivas que sirven de inspiración. Algunas históricas pero otras recientes, como la que se ha llevado a cabo en algunos bloques de edificios de Toronto, donde han conseguido tras un año de protestas llegar a un acuerdo con los empresarios propietarios. Trasladarlo a España de forma mayoritaria es todavía algo complicado y en fase de construcción, y algunos arrendatarios expresan dudas relacionadas con la buena relación que tienen con su casero, y sobre todo con las posibles consecuencias.
Con información de Sandra López Letón, redactora de EL PAÍS especializada en el sector inmobiliario. Interviene el Sindicato de Inquilinas de Madrid; Chiara Padovani, portavoz de la York South-Weston Tenants Union de Toronto; y vecinas inquilinas de Madrid y Barcelona.
Créditos:
Si tienes quejas, dudas o sugerencias, escribe a [email protected] o manda un audio a +34 649362138 (no atiende llamadas).
By EL PAÍS4.3
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En la manifestación del pasado domingo en Madrid por la vivienda y contra la subida de los precios, comenzó a tomar fuerza una idea, empujada por el Sindicato de Inquilinas: una huelga de alquileres. Puede ser total, reservando la renta para cuando se llegue a un acuerdo, o parcial; masiva, o en zonas concretas; en un tiempo determinado, o indefinida. Las modalidades son lo que está por determinar y lo que se quiere organizar, pero hay experiencias positivas que sirven de inspiración. Algunas históricas pero otras recientes, como la que se ha llevado a cabo en algunos bloques de edificios de Toronto, donde han conseguido tras un año de protestas llegar a un acuerdo con los empresarios propietarios. Trasladarlo a España de forma mayoritaria es todavía algo complicado y en fase de construcción, y algunos arrendatarios expresan dudas relacionadas con la buena relación que tienen con su casero, y sobre todo con las posibles consecuencias.
Con información de Sandra López Letón, redactora de EL PAÍS especializada en el sector inmobiliario. Interviene el Sindicato de Inquilinas de Madrid; Chiara Padovani, portavoz de la York South-Weston Tenants Union de Toronto; y vecinas inquilinas de Madrid y Barcelona.
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