Los discípulos pidieron que se les enseñara a orar, y Jesús enseña que, como la disciplina de dar, la oración es una disciplina espiritual. Primero, orar significa pedir, y debemos pedirle a nuestro Padre celestial. Orar es hablarle a Dios, no a nosotros mismos, como el fariseo que, según nos cuenta Jesús, "oraba consigo mismo". "Tuyo es el reino" significa "Padre, la gloria siempre será para Ti porque el poder siempre vendrá de Ti y el resultado te pertenecerá a Ti."