Yolanda Taish es la última de las seis víctimas que, desde el 2005, han aparecido sin cabeza en esta región. Todas tienen el mismo perfil: mujeres entre 20 y 30 años, sin identidad definida, sin dinero y, en la mayoría de los casos, sin familia. En una zona donde los archivos por homicidio se amontonan en los despachos, el caso de las mujeres decapitadas se ha convertido en uno de los más sonados del país. Lo que llamó la atención de los investigadores era la precisión y limpieza de los cortes en el cuello, en forma de «V» hacia el esternón y la espalda, o en horizontal a la altura de los hombros. Los informes forenses coinciden en señalar que el criminal conoce las herramientas y la técnica para decapitar. La noticia saltó cuando la fiscalía emitió su juicio sobre los hechos. Podría existir una red organizada de tráfico de tzantzas o cabezas reducidas.