Hay una isla del tamaño de un departamento colombiano mediano que fabrica, ahora mismo,
más del noventa por ciento de los chips más avanzados del planeta, los mismos que probablemente tienes en el bolsillo en este momento.
Nació de una ruptura política que setenta años después todavía no termina de resolverse, escribe su propio idioma de una forma que su vecino más grande decidió abandonar, y le regaló al mundo una bebida que hoy se toma en casi cualquier esquina del planeta.
Este episodio cierra nuestro recorrido por Asia Oriental con la historia de una isla que aprendió a sostenerse sola: entre mercados nocturnos, cañones de mármol, una cantante cuya voz cruzó fronteras que su propia música tenía prohibido cruzar, y lenguas indígenas que, después de casi desaparecer, están volviendo asonar.
Prepárate para entender por qué, sin saberlo, probablemente ya llevas un pedacito de Taiwán en el bolsillo.