Hoy recordamos a la Virgen María en su advocación de Fátima, nuestra Madre, la más humilde de todas y por ello, enaltecida por Dios.
¡Qué atributo tan subestimado ha sido este para el mundo!
Sabemos que la razón es bastante clara: nuestro Enemigo es todo lo contrario: soberbio, orgulloso, altanero.
Sin embargo, es precisamente la humildad lo que elevará nuestra alma hasta Dios, por la eternidad.