En las manos de Dios somos siempre una obra maestra.
Pero... ¿nos dejamos moldear a la voluntad del Padre?
He ahí el reto que como cristianos, enfrentamos cada momento de nuestra vida. Sin embargo ¡tenemos una Madre, un ejemplo perfecto de lo que agrada a la Santísima Trinidad! La Virgen María.
Coloquémonos bajo su manto, pidiendo su valiosa intercesión.