Vale, seguro que os ha pasado. Lleváis horas atascados en un problema del trabajo o de los estudios, mirando la pantalla y nada, el cerebro en blanco. Y bueno, os rendís, os metéis a la ducha, os salís a pasear y de repente aparece la solución mágica de la nada. Parece una broma de nuestra mente, ¿verdad? Pero cuanto más nos esforzamos, menos brillante parece que somos. Y justo cuando nos estamos enjabonando o paseando al perro o pensando en las musarañas, parece que nos convertimos en absolutos genios. Bueno, pues a esto se le llama la paradoja de la ducha y hay una razón evolutiva y neurobiológica fascinante detrás de este fallo del sistema Contadme en los comentarios dónde os ha pillado vuestras mejores ideas En la ducha, conduciendo, fregando los platos, pensadlo y esta tarde hablamos