Esta mañana hablábamos de esas rodillas que predicen la lluvia. Y bueno, pues la ciencia tiene una respuesta. No es la humedad, es un engaño de tu propio cerebro. Somos víctimas del heurístico de disponibilidad y de un mito cultural. Evolutivamente nuestro cuerpo detecta los cambios de tiempo para buscar refugio. El problema es que no se han repetido tanto que el clima daña los huesos que tu cerebro se lo ha creído. Al notar que va a llover, pues anticipa un peligro irreal y activa una alarma en tu rodilla. Esa alarma es el dolor. Además solo recordamos cuando llovió y nos dolió, olvidando todos los días de lluvia en los que estuvimos perfectamente. Es puro sesgo de confirmación. Las soluciones, pues racionaliza el síntoma. Cuando duela por la lluvia, pues puedes repetirte que tu articulación está a salvo, que solo es tu cerebro sobreprotegiéndote. Quitarte el miedo, pues reduce la alarma. Además recuerda que motion is lotion, es decir, el movimiento es loción. No te quedes quieto, aplica calor penetrante y hace ejercicios suaves para bombear mecánicamente tu líquido sinovial. ¿Mejorarán tus síntomas?