Navidad no es solo una fecha.
Es el recordatorio eterno de que Dios no envió un mensaje, envió una Persona.
Jesús se hizo carne y habitó entre nosotros, revelando que la unidad es el territorio donde Dios se mueve.
No donde hay perfección, sino donde hay acuerdo.
La unidad no es un sentimiento, es una atmósfera espiritual.
Y la división abre puertas que la fe no puede cerrar.
En este mensaje descubrirás cómo Jesús vino a restaurar lo que se fragmentó:
familias, generaciones y corazones.
Hoy Dios no quiere solo que cantes villancicos.
Quiere sanar la mesa.