No todas las heridas se ven, pero sí se nota cuando seguimos cargándolas.
A veces aparecen como enojo, aislamiento, desconfianza o dificultad para volver a abrir el corazón. Y aunque no podemos controlar lo que otros hicieron, sí somos responsables de lo que permitimos que permanezca dentro de nosotros.
En este mensaje hablamos de traición, confianza, heridas emocionales y sanidad, y de por qué no debemos confundir estar fuertes con estar sanos.
Porque el enemigo quiere cerrar tu corazón, pero Dios quiere sanarlo.
Lo que no sanas, lo cargas. Y hay cosas que ya no tienes que seguir cargando.