“Oh, Jesús, tu presencia me hace tanto bien, tu majestad es incomparable y me cuesta salir de nuestro encuentro al igual que Pedro porque fuera me cuesta mantener el gozo y la paz que me das en la oración. Afiánzame con espíritu firme para seguir haciendo lo que me toca y dejándote lo que es imposible para mí. Te adoro y te alabo porque sé que eres mi Dios, la vida, mi refugio y mi protector por siempre. Amén.