DOMINGO DE PASCUA EN CASA.
Vivir resucitados.
Señor Jesús, amanece la Vida, en medio de la noche aparece la luz radiante de tu presencia resucitada. Un Dios vivo inspira la comunión de corazones, la intimidad más profunda, la capacidad de tender puentes y relacionarnos sin barreras.
Un sepulcro vacío y unas vendas que caen, donde, de un yo o un tú surge un nosotros...donde un hombre o una mujer se arriesgan a amar dejando todas las seguridades en otras manos; donde alguien es capaz de escuchar, ponerse en el lugar de otros, compartir las preocupaciones o los éxitos, desear el bien ajeno, algo nuevo aparece.
Allá donde alguien piensa en las necesidades de otros con tanta intensidad como en las propias, donde se busca la concordia por encima del conflicto y la humanidad común por encima de las diferencias, algo nuevo está brotando. Y sigue ocurriendo una y otra vez.
Seguimos juntándonos en un momento en el que parece que todo lo demás se detiene; en un tiempo de incertidumbre y dolor; en torno a una mesa grande en la que se sigue haciendo real un pan ganado con el trabajo de todos; un pan bendecido, partido y repartido por el Dios de la vida; un pan entregado para que llegue a todos. Sigues Vivo en esta Pascua celebrada en casa...En las vivencias y momentos de plenitud.
Cuando cantan los ojos y el corazón, los sueños se ven más posibles: el perdón se da o se recibe, sin condiciones, sin residuos de amargura. Cuando de la semilla pequeña brota un tronco fuerte. Es la sonrisa tranquila del que no se deja vencer en la tribulación. La palabra que habla verdad y provoca encuentros. Es la oración que me enciende por dentro, cuando no encuentro un horizonte claro. Esa alegría de los que no complican las cosas sencillas. El amor que no exige.
Es esa resurrección que YA se asoma en nuestras vidas, en nuestro café cargado de esperanza viva en medio de la muerte. Es vivir...Ser reflejo del Amor Resucitado y resucitador. Danos tu amor y gracia que eso nos basta. Amén. Aleluya... Aleluya...Aleluya.