LA MIRADA DE JESÚS A LOS ENFERMOS
Para Jesús cualquier espacio se convierte en lugar de encuentro, reconocimiento y sanación. Relata Marcos que «al atardecer le llevaban todos los enfermos». Jesús no exige nada para aliviar el sufrimiento a la persona. Sin embargo, se ve en el enfermo una actitud de fiarse plenamente de que va a ser curado. Y Jesús lo confirma: “¡Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo”.
En su encuentro con el paralítico, Jesús se acerca, lo mira con ternura, le anima y le da confianza. No solo lo cura físicamente, sino que le hace libre y lo restaura: …era sábado… “el que me sanó me dijo toma tu camilla y anda”.
Esta mirada, esta ternura de Jesús a los enfermos, no es un sentimentalismo pasajero, es la profundidad de mirar a la persona y de vivir buscando su bien.
OREMOS
Señor, te damos gracias por todos los que cuidan, atienden, curan y acompañan en la enfermedad. Protégelos y acompáñalos.
Ayúdanos a fortalecer nuestro corazón para que sepamos colocarlo al lado del dolor y sufrimiento del corazón de nuestro prójimo.
Contágianos tu bondad y mirada llena de ternura,
para que nuestros enfermos sientan la comprensión, la bondad, el acompañamiento y el aprecio.
Que nuestro corazón se parezca al tuyo, Señor.