¿Se puede aprender a morir? Este aprendizaje es tan importante que en ello nos jugamos la calidad de la vida. No sería posible vivir dignamente luchando contra la muerte. No podríamos llamar vida a lo que es una negación y una fuga de la muerte. Porque la vida y la muerte son indisociables como los son el río y el mar.
Ante la pregunta de cómo morimos surge una propuesta. Lo que llevamos a la muerte es nuestra propia vida. Morimos como vivimos. Aprender a morir es aprender a vivir, y en el aprendizaje de la vida son cruciales las pequeñas muertes. La de la renuncias, la del desapego, la de los finales, la del sueño.