¿A quién de nosotros no le ha pasado de que a pesar de tener comida, familia, trabajo, casa, amigos, seguridad, incluso buen clima, aun se siente de todas formas vacío, triste, como que aburrido por la rutina? Si es que es así es que hemos olvidado que tenemos también una vida espiritual que es más existencial, y que también tiene sus necesidades que debemos atender.
Y el alimento principal de esta vida espiritual, la respuesta a todas las necesidades existenciales que tenemos, está en este Evangelio; "el que escucha mi palabra y cree en Aquél que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida".
En Jesús hay plenitud de verdad y amor, dijo San Juan Pablo II. Nuestra mente está buscando siempre la verdad y nuestro corazón busca siempre el amor, y estos dos estarán sedientos toda la vida hasta que no lleguen a la plenitud, a Dios. Aquí queda muy oportuna la frase de San Agustín que resume la realidad de nuestra vida espiritual: «Nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (Las Confesiones, i, 1, 1).