No nos apartemos de las realidades auténticas, no nos apeguemos a lo que no tiene consistencia. Es verdad que hay que comer, beber, comprar, vender, estar metido en los asuntos de este mundo, pero saber que todo va a pasar, pero el amor de Dios no, su Reino que ya está entre nosotros no va a pasar. Tengamos la lampara de nuestra alma siempre encendida y así nuestros ojos verán la verdadera realidad.