Las dos breves epístolas de II y III de Juan suelen describirse como "epístolas gemelas", aunque deben considerarse fraternales y no idénticas. Hay algunas similitudes relevantes. En ambas cartas, el autor se describe como "el anciano", y los destinatarios son objeto de gran gozo, a quienes Juan ama "en la verdad". Andaban "en la verdad", y el anciano había recibido buenos informes sobre ellos. Ambas cartas contienen una advertencia, y el anciano deseaba ver a sus lectores cara a cara. Finalmente, ambas misivas transmiten saludos de otras personas.