Cuando retrocedemos en la historia y vemos la iglesia primitiva, podemos observar una iglesia poderosa (llena del Espíritu Santo), unida, enfocada, fervorosa en la comunión con Cristo y en la oración, pero sobre todo una iglesia entregada por los demás. La iglesia actual cuenta con beneficios como no se han observado en la historia de la iglesia misma. La proliferación de medios de comunicación y el avance tecnológico, han hecho que la propagación del evangelio pueda convertir a la iglesia en una comunidad mucho más práctica, cómoda y versátil. ¿Cómo podemos ser una iglesia que, aunque sea moderna, contenga la esencia de la iglesia del primer siglo? La iglesia de hoy en día pareciera que no se mueve en la misma dimensión en que se movía la iglesia primitiva. Tenía que haber algo en común o características muy particulares para que ésta realizara la labor que el Señor había encomendado.