Cristo nos presenta una vida en blanco y negro, no hay punto medio entre lo que el mundo ofrece y lo que Dios desea. Se puede vivir jugando a ser cristiano, es muy fácil pretender, fingir y aparentar, pero solo nos engañamos a nosotros mismos. El verdadero creyente ha sido realmente transformado, está lleno del Espíritu Santo y vive guiado por el Espíritu; esto se nota, se percibe y no se puede ocultar pues la obra del Espíritu Santo transforma, ya no vivimos según la naturaleza pecaminosa, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en ustedes – Rom 8:9