Un falso paradigma de la vida cristiana nos lleva a pensar que los problemas se acabarán ya que somos hijos de Dios, en donde Él está a nuestro servicio y favor para hacer de nuestra vida un transitar libre de la aflicción. Este modelo se encuentra lejos de la verdad, pues encontramos a los hombres y mujeres de Dios, incluso al mismo Jesucristo, atravesando situaciones difíciles, pero que supieron mirar como permitidas o puestas por el Padre para cumplir un propósito de gloria a Él en sus vidas. Pedro nos motiva a encontrar gran regocijo en medio de los problemas, aceptándolos como bendiciones que nos llevan a conocer de una manera más profunda al Padre.