Desde mediados del siglo pasado, la humanidad empezó a volverse consciente de que las revoluciones industriales, que tanto progreso habían generado, podrían además terminar en la extinción de la especie. Desde aquel despertar, pasaron casi cuarenta años hasta que al menos nos hayamos podido organizar e intentar discutir sobre cómo enfrentar el mayor problema de nuestra historia: La destrucción de la naturaleza producto de nuestro modelo lineal de consumo, basado en la extracción, la producción masiva, el consumo y el desperdicio indiscriminado, sin importar la eliminación progresiva del ecosistema planetario.