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En el documental “Utopía” la directora Laura Gómez Hincapié plantea un diálogo con sus padres, quienes a lo largo de varias décadas han militado en la izquierda. Su padre, quien estudió en la Unión Soviética, se ilusionó con la Revolución Cubana y vio caer la Unión Soviética, piensa que esta generación de jóvenes ha perdido el ímpetu en la lucha política, mientras que su madre, líder sindical quien dio la lucha para introducir temas de género en este ambiente tan machista, está convencida en la fuerza de las nuevas generaciones. Laura, por su lado, hace parte de la generación que vivió la plebitusa y el estallido social de 2021. ¿De qué manera se ha hecho y se sigue haciendo la revolución? ¿Es posible creer en las utopías políticas? ¿Dónde dejamos al feminismo en todo esto? Hoy, en un capítulo especial de Womansplaining, planteamos un diálogo intergeneracional entre Laura y su madre, Ruby Hincapié, y nos preguntamos por la historia, la lucha social y el fuego político.
Para la activista Natalia Prieto experimentar la ciudad desde su bicicleta no solo la ha ayudado a sentirse más empoderada, sino que también le ha mostrado zonas que necesitan mejor planeación e iluminación. Para ella y para cientos de otras mujeres que hacen parte de colectivos que utilizan la bicicleta como forma de resistencia, montar en cicla es una manera de apropiarse de la ciudad. ¿De qué manera los colectivos feministas de bicicletas están haciendo un urbanismo colaborativo, esto es, pintando murales, reclamando alamedas y transformando sus barrios? ¿Cómo reclamamos el derecho a un espacio público que nos violenta? ¿Será verdad que a las mujeres no les gusta el ciclismo?
En lo que va de 2023, 227 mujeres han sido víctimas de feminicidio en México. Esta cifra, completamente aterradora, ha sido un llamado de alerta para escritoras como Laura Baeza, quienes han decidido escribir sobre esa violencia de manera urgente.
¿De qué manera la literatura puede ayudar a poner en palabras experiencias de violencia que ocurren contra los cuerpos de las mujeres? ¿Qué otras formas de violencia están tan inscritas en la sociedad Latinoamericana que han permitido que las mujeres seamos tratadas como algo prescindible? ¿Quiénes están llamadas a recordar a las víctimas de estas violencias?
Las críticas literarias Sandra Gilbert y Susan Gubar han notado que es una experiencia común para las mujeres que escriben estar constantemente leyendo y examinando la vida de esas otras mujeres que escribieron antes que ellas. Como si se tratara de un constante ejercicio de observación a las precursoras, las escritoras buscamos, en bibliotecas y en talleres literarios, modelos que nos permitan sentir la confianza que se necesita para dar el paso definitivo y lanzarse a escribir.
¿De qué manera esa indagación dentro de otras lecturas ha moldeado la escritura de tres escritoras latinoamericanas? ¿Por qué imaginar comunidades sin jerarquías puede ser un gran mecanismo literario que bebe del feminismo? ¿De qué manera la mirada y las obsesiones pueden moldear un estilo de escritura? ¿Cómo organizar talleres de escritura para permitir que otras escritoras jóvenes también ganen la confianza necesaria para publicar?
En 1929 Virginia Woolf publica su ensayo “Un cuarto propio”, una meditación estética y feminista sobre lo que necesita una mujer para poder ser escritora. Esto es, 500 libras al año y un cuarto propio en la casa (aislado de los hijos y los maridos) al que le entre buena luz del sol. En la actualidad, las escritoras han tenido que rebuscar ese cuarto propio y reinventarlo en talleres literarios autogestionados o becas en programas de escritura creativa. Así mismo, las escritoras hablan de manera transparente de la escritura como un proceso colectivo y no como un proceso misterioso que se le revela a unos pocos genios. ¿De qué manera las escritoras colombianas están creando esos cuartos propios? ¿Cómo inventarse un nuevo lenguaje poético que hable de la violencia que ocurre sobre nuestros cuerpos y sobre nuestro territorio? ¿Cómo escribimos sobre el deseo, la maternidad, el poliamor y ser travesti? Hoy en Womansplaining: ¿Cómo armar un cuarto propio?
En el libro La ciudad de las damas, escrito en 1405, la escritora francesa Cristina de Pizan imagina algo que, aún hoy, es revolucionario: una ciudad en donde las mujeres pueden sentirse libres y seguras. La infraestructura que no piensa en las diversidades y la falta de iluminación, son solo dos ejemplos de cómo, para las mujeres, pensar en disfrutar la ciudad y la noche se convierte en un riesgo. Además, puertas adentro, habitar un espacio urbano también resulta difícil pues tenemos obstáculos que van desde la discriminación hasta puertas que no están pensadas para el tamaño y la fuerza de las mujeres.
¿Cómo podemos reclamar la ciudad y sentirnos más seguras? ¿De qué manera la arquitectura y el urbanismo feminista está pensando otra manera de diseñar ciudades? ¿Será posible diseñar una casa que se ajuste a las necesidades de las mujeres y no a las de los agresores? ¿Será que algún día puedo cumplir el sueño de salir al parque a solas, de noche, en Bogotá?
Hace mucho no nos vemos. Por eso es momento de reencontrarnos en la Filbo, donde estaremos grabando tres episodios especiales de Womansplaining. Además, pueden participar en los talleres que estará dictando nuestra host Gloria Susana Esquivel de forma gratuita.
Para más información, visita estas páginas:
https://feriadellibro.com/es/invitado/4873/gloria-susana-esquivel
https://feriadellibro.com/es/invitado/4902/lina-vargas-fonseca
Hablar de mujeres y dinero es hablar de una relación que, a lo largo de la historia, ha estado mediada por el silencio. No solo porque las grandes teorías económicas (a ti te hablo, mercados que se regulan solos) han dejado por fuera las tareas del cuidado, al considerarlas irrelevantes porque no generan valor monetario, sino porque durante siglos las mujeres no podían acceder a herencias, préstamos de vivienda o un salario digno. Además, aún hoy, muchas de las transacciones en las que las mujeres pueden participar siguen mediadas por relaciones como el matrimonio, lo que deriva en relaciones de dependencia, abuso y violencia económica. Pero, ¿qué constituye la violencia económica? ¿por qué desde su divorcio, Shakira ha tenido que trabajar el triple, como la mayoría de las mortales? ¿Qué hay detrás del prejuicio de la mujer gasolinera? ¿Cómo podemos garantizar que las mujeres accedan a un salario digno?
Una de las cosas que más escucho, tal vez con más frecuencia de la que debería, es que las feministas matamos el humor. No me queda claro aún como cometimos ese crimen, si tal vez lo sofocamos o lo emburundangamos, pero cada vez que alguien quiere quejarse del feminismo, generalmente alude a cómo somos unas amargadas que queremos censurar e imponer la dictadura de la corrección política. Pero, ¿es cierto que las feministas no tenemos sentido del humor? O, ¿será más bien que el humor ramplón, que se burla de comunidades oprimidas sencillamente no es chistoso? ¿Por qué es importante el lugar de enunciación a la hora de hacer chistes? ¿Qué es más transgresor, aprender a reírse de una misma y de sus desgracias —esto es, de todas las opresiones que nos atraviesan— o hacer un chiste fácil sobre el cuerpo de otres? Hoy en Womansplaining: hablemos sobre humor.
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