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Rodolfo Hernández sacó la segunda votación en las pasadas elecciones para presidencia, lo que le hizo merecedor de un espacio dentro de la segunda vuelta. Desde que esto se supo, muchos de sus seguidores han inundado las redes sociales con memes que replican frases del candidato como que “el lugar de las mujeres es en la casa” o que “las mujeres venezolanas son fábricas de chinos pobres”.
Para el equipo de Womansplaining resulta aterradora la manera en la que, en tan solo dos semanas, el discurso del candidato ha funcionado para darle vía libre a aquellos que cuestionan los avances que el movimiento feminista ha tenido en los últimos cien años. Ante el terror de que un hombre que muestra un evidente desprecio a las mujeres nos gobierne, decidimos hablar con una mujer santandereana que, desde el activismo feminista, ha hecho resistencia.
¿Qué tan ciertas son las cifras de paridad en el gobierno de Hernández? (spoiler alert: son falsas) ¿De qué manera sus declaraciones sobre las trabajadoras sexuales estigmatizan a mujeres que están en condición de vulnerabilidad? ¿Por qué es necesario entender que estos discursos de odio, dichos bajo el disfraz de un viejo desparpajado y frentero, se traducen en violencias basadas en género? ¿Por qué los medios de comunicación son tan diligentes a la hora de hacernos creer que las declaraciones de este hombre misógino y abusivo son un chistecito que no hay que tomarse en serio?
El pasado 21 de mayo, mientras se conmemoraba el día de la afrocolombianidad, Francia Márquez cerró su campaña por la Vicepresidencia de Colombia. En su discurso final, que la candidata tuvo que terminar de dar resguardada entre escudos antibalas, mencionó como ella, al igual que Martin Luther King, también tenía un sueño. Resulta muy poderoso y esperanzador pensar que Márquez podría ocupar un alto cargo de poder en el próximo gobierno colombiano, no solo porque su pensamiento ecofeminista le ha valido de varios reconocimientos mundiales, sino porque Márquez, a lo largo de esta campaña, ha puesto de manifiesto el tema del racismo y cómo está profundamente arraigado en la sociedad colombiana. En un país en donde todos los gobernantes siempre se han visto iguales, esto es, hombres, blancos, urbanos, con apellidos divinamente, la candidatura de Márquez representa una afrenta al status quo.
¿De qué manera Colombia ha sido una nación que se niega a reconocerse como negra? ¿Cómo la historia negra de este país ha sido sistemáticamente invisibilizada? ¿Qué se necesita para que todos y cada uno de nosotros reconozcamos nuestro racismos y tomemos acciones para cambiar esta violencia?
El proyecto Colombianización de la artista Nadia Granados es una radiografía de cómo la violencia brutal a la que somos sometidos en este país está estrechamente vinculada con algunas maneras de entender la masculinidad.
En “Colombianización”, por ejemplo, vemos a Granados disfrazada, encarnando a varios colombianos de bien que sacan sus camionetas y salen a disparar, o haciendo el monólogo de un sicario que abrió un perfil en redes sociales o el de un hombre cuyo trabajo es dar conferencias sobre el país más feliz del mundo. Granados, que a lo largo de las décadas se ha destacado como una artista del performance, ha sabido poner en su obra preguntas sobre el género, la identidad nacional y la violencia ejercida sobre cuerpos disidentes.
¿De qué manera el arte puede mostrar un retrato grotesco y agudo de la sociedad colombiana que cada vez está más derechizada? ¿Cómo puede una artista tomar sus experiencias personales y examinarlas y cuestionarlas por medio de la creación? ¿Por qué es urgente que quememos y sigamos quemando a figuras poderosas que buscan, por medio de la manipulación mediática, colocarse en un pedestal moral? ¿Es posible hacer humor político en Colombia?
Para ver más del trabajo de Nadia, ingresa a: http://nadiagranados.com/wordpress/
A pesar de que la industria de los videojuegos tiene un crecimiento constante, sigue siendo un lugar hostil para las mujeres y las niñas que disfrutan pasar su tiempo libre jugando. Entrar a jugar un juego multijugador, es decir, una partida en la que hay micrófonos abiertos en donde los jugadores comentan las acciones que pasan, puede ser una experiencia extremadamente violenta para mujeres y niñas que deben escuchar insultos muy fuertes solo por ser mujeres. Además de esto, los personajes femeninos generalmente están hipersexualizados o puestos en un lugar de damiselas en peligro, que solo alimentan los imaginarios sexistas de quienes recurren a la violencia misógina.
¿Existen estrategias para luchar contra los insultos misóginos que constantemente son dichos en el ámbito de los videojuegos? ¿Es posible mejorar la representación femenina tanto en la industria como en los personajes de los juegos? ¿Por qué las mujeres y las niñas tienen menos oportunidad de convertirse en jugadoras profesionales de videojuegos? ¿Es posible un espacio competencia mixta en donde no reine la misoginia?
La primera vez que en Colombia se habló de una primera dama fue durante la presidencia de Alfonso López Pumarejo cuando, en 1934, su esposa María Michelsen ocupó este cargo. Desde entonces, la figura de la primera dama en Colombia se ha parecido más a la de una reina de belleza o la de una presentación en sociedad de damas de abolengo, que a una gestión revolucionaria como la que tuvo Eva Perón en la Argentina de la década de los cuarenta. Al analizar la figura de la primera dama en Colombia podemos darnos cuenta de lo extremadamente conservadora que es nuestra política electoral y cómo los sesgos de género operan ante la imagen de la mujer abnegada que debe ejercer trabajos de caridad. ¿Existe alguna manera de que las mujeres en Colombia participen en política electoral diferente al de los vínculos familiares o sexo afectivos? ¿Por qué en Colombia existen tantos delfines? ¿Es la figura de la primera dama algo que debe ser mandado a recoger o existe alguna manera de renovar esa institución caduca? ¿Por qué las personas que hacen marketing político confunden feminizar la política con tomar fotos tipo credencial de Giordano?
La despenalización del aborto en Colombia, hasta la semana 24, ha sido un camino largo que ejemplifica perfectamente cómo la organización política, la incidencia estratégica y la posibilidad de sostener una conversación argumentada con diferentes actores puede lograr un triunfo para los derechos reproductivos de mujeres y diversidades sexuales. En un momento coyuntural tan definitivo como el de las próximas elecciones es necesario analizar la manera en la que las feministas se han organizado durante décadas para garantizar que las mujeres dejemos de tener un lugar de segunda en la sociedad y seamos consideradas ciudadanas plenas. ¿De qué manera las militancias feministas, que se han dado desde la década de los setenta en Colombia, nos pueden enseñar a defender los derechos ganados? ¿Por qué se le exige a las mujeres que hagan parte de la política de una manera impoluta, sin antagonizar, cómo si fuéramos ángeles y no humanas? ¿Será posible que pueda explicarle la importancia de las próximas elecciones en materia de defender nuestros derechos a mis tíos uribistas sin sacarles, ni sacarme los ojos?
En 1975 las cineastas Eulalia Carrizosa y Sara Bright presentaron en el congreso de Colombia el audiovisual “El derecho a escoger”, unas diapositivas que mostraban los métodos clandestinos de aborto a los que recurrían las mujeres colombianas en un afán por parar los altísimos índices de mortalidad materna que había en el país. Estas dos cineastas, que después de esa acción conformaron el colectivo feminista Cine mujer junto con Cecilia Ramírez, Clara Riascos, Patricia Restrepo, Fanny Tobón y Dora Cecilia Ramírez, son solo un ejemplo de los múltiples esfuerzos que han hecho colectivos feministas a lo largo de la historia reciente por hacer conciencia de la urgencia de la despenalización del aborto en Colombia. ¿De qué manera el trabajo colectivo ha permitido que la organización política de las feministas logre nuevas victorias? ¿Es posible entrecruzar amistad y feminismo? ¿Cómo se veía el pabellón de mujeres sépticas que llegaban a los hospitales en los años setenta por abortos mal practicados?
Este episodio fue hecho con el apoyo de Open Society Foundation.
El pasado 21 de febrero la Corte Constitucional en Colombia emitió una sentencia en donde se despenaliza el aborto hasta la semana 24. La noticia ha sido un gran motivo de celebración para los grupos activistas feministas que han venido trabajando para que el aborto deje de ser un delito dentro del código penal colombiano. A pesar de que el fallo de la Corte sigue dejando un límite de semanas para la despenalización, lo que hace que el aborto no sea del todo libre en el país, esta sentencia es un gran paso para detener la persecución y criminalización de niñas y mujeres que quieren acceder a la interrupción voluntaria del embarazo. ¿Por qué algunos profesionales de la salud son los primeros en denunciar a las mujeres que quieren acudir a este servicio? ¿Cuáles son las garantías que tienen las mujeres migrantes para poder acceder a la interrupción voluntaria del embarazo? ¿Cuáles son los mitos y estigmas que los medios de comunicación y redes sociales han creado frente al aborto, especialmente después de esta sentencia? ¿Por qué personajes como Vicky Dávila, Iván Duque y Taliana Vargas insisten en que el único destino posible de una mujer es la maternidad y se oponen a la autonomía y a los derechos reproductivos de las mujeres?
Dice la filósofa inglesa Sarah Ahmed: “Siempre recordaré ese sentimiento: la sensación de que allá afuera hay muchas otras como tú, de que no estás sola, de que no estabas sola. Tu propia historia complicada está escrita en palabras que se transmiten. Muchas veces pienso que leer libros feministas es como hacer amistades: una toma de conciencia de que otras han pasado por los mismos lugares”.
Tal vez uno de los lugares comunes de la mentalidad patriarcal es que las mujeres no pueden ser amigas. Sin embargo, si vamos a la experiencia misma de encarnar un cuerpo femenino, nos encontramos que existen lazos de complicidad que se tejen a partir del reconocimiento del cuerpo y de la experiencia de la otra, y que constituyen una relación de apoyo y contención frente a muchas violencias de género.
¿De qué manera las mujeres tejemos complicidad con las otras? ¿Por qué hablar de sororidad puede ser problemático? ¿Qué tipo de emociones contradictorias existen dentro de la amistad femenina? ¿Cómo las mujeres nos disputamos el poder entre nosotras?
Para la feminista negra norteamericana bell hooks, los feminismos tienen la posibilidad de transformar todas las vidas que se acercan a este pensamiento. Como lo menciona la feminista dominicana Ochy Curiel, en el prólogo al libro de hooks “El feminismo es para todo el mundo”: “la toma de conciencia del sexismo no debe quedarse en las mujeres, sino llegar también a los hombres, para que se hagan conscientes de su sexismo y renuncien a los privilegios masculinos”. Tal vez uno de los temas de discusión más álgido a lo largo de la historia de los feminismos es el lugar que le damos a los hombres cisheterosexuales dentro de la conversación. ¿Es posible entablar una conversación sobre feminismos con hombres que han sido socializados dentro de instituciones patriarcales que les han enseñado a violentar a las mujeres como forma de mantener sus privilegios? ¿De qué manera esta educación violenta, que hace que los hombres perciban a las mujeres como cosas, hace que sea muy difícil la relación horizontal entre hombres y mujeres heterosexuales? ¿Puede un hombre realizar tareas del cuidado sin que esto se vea como una gran ayuda a las mujeres que lo rodean? ¿Por qué los hombres insisten en preguntar “dónde están las feministas”? ¿Cómo rompemos entre todos el pacto patriarcal?
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