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El pasado 5 de abril en medio de la Convención Nacional Feminista, la candidata a la presidencia de Colombia, Francia Márquez, emitió un discurso en donde puso en el centro de su candidatura una agenda feminista, anticapitalista, antirracista y que se opone a todo tipo de exclusión. La candidatura de Márquez ha generado varias reacciones. Por un lado, están, estamos, quienes la apoyamos y entendemos la urgencia de poner estos temas en el centro de la discusión política del país y, por otro, están quienes miran con suspicacia la llegada de una mujer negra y popular a un escenario que se ha caracterizado por su centralismo y elitismo. ¿Cómo la experiencia de organización popular y la defensa del medio ambiente le ha permitido a Francia Márquez entender la política desde otro lugar? ¿Es posible hablar hoy en día de feminismo sin hablar de ambientalismo? ¿Qué tensiones hay dentro del movimiento feminista entre quienes ejercen un feminismo liberal y blanco frente a quienes piden que se tengan en cuenta las violencias raciales?
El 9 de noviembre de 2020 el Concejo de Bogotá aprobó la declaración de emergencia climática de Bogotá. La ciudad es uno de los territorios nacionales más vulnerables al cambio climático, y estos lineamientos buscan crear unas guías para la adaptación, mitigación y resiliencia. Entre ellas está por ejemplo poner el agua en el centro de la planeación urbana y evitar la compra de sistemas de transporte público que emitan altas concentraciones de gases invernadero. La propuesta pasó de manera unánime en el concejo, lo que demuestra que el tema ambiental es indivisible de la creación de políticas públicas. ¿De qué manera la ciudadanía puede tomar un rol activo y hacer que estos lineamientos se cumplan? ¿De qué manera las administraciones pasadas han privilegiado el cemento y los intereses de unos pocos, generando que la ciudad sea mucho más vulnerable al cambio climático? ¿Cuáles son las iniciativas ciudadanas, lideradas por mujeres, que han hecho resistencia ciudadana a estas alcaldías terribles? ¿Es posible hablar de justicia climática sin hablar de justicia social?
Para la feminista negra Betty Ruth Lozano Lerma, las prácticas de cuidado están necesariamente vinculadas a las satisfacciones de las necesidades humanas y, en este sentido, son primordiales para la comunidad: “Parte de [las prácticas del cuidado] son la cocina y la medicina tradicionales, alrededor de las cuales las mujeres desarrollan prácticas agrícolas en el entorno natural, cultivando diversas especies medicinales y culinarias en azoteas y patios cercanos a las viviendas. Las mujeres negras son vitales para la defensa de la autonomía alimentaria”.
Las mujeres que ejercen roles de liderazgo desde los territorios comprenden la importancia de llevar el tema del cuidado y de la defensa del territorio a sus agendas políticas . ¿De qué manera las políticas del gobierno han favorecido a las multinacionales extractivistas que saquean los ecosistemas de nuestro país? ¿Es posible generar prácticas de resistencia ciudadana frente a estos poderes económicos en un ambiente de amenazas que cobra la vida de aquellos que resisten? ¿De qué manera las prácticas feministas y las prácticas de cuidado confluyen en la defensa del territorio?
Nuestra anfitriona de Womansplaining, Gloria Susana Esquivel, está estrenando libro. Nos compartió un capítulo completo de su libro en donde escribe sobre la vida de Ofelia Uribe de Acosta, periodista feminista que en los años treinta y cuarenta tuvo un programa de radio desde el cual defendía los derechos de la mujer.
Nuestra anfitriona de Womansplaining, Gloria Susana Esquivel, está estrenando libro. Nos compartió un capítulo completo de su libro en donde escribe sobre la vida de Ofelia Uribe de Acosta, periodista feminista que en los años treinta y cuarenta tuvo un programa de radio desde el cual defendía los derechos de la mujer.
El escritor Jonathan Kemp en su libro “El varón penetrado” recuerda que, para las civilizaciones grecorromanas, aquel que se dejaba penetrar era un no ciudadano. Es decir, que tanto las mujeres como los hombres homosexuales en el rol pasivo quedaban por fuera de la participación política, únicamente por ser receptores de un falo dentro de su cuerpo. Hoy, el imaginario del macho sigue vinculado a ese poder y aquel hombre que muestre un poco de ternura o que no discipline su cuerpo para extirpar gestos femeninos es considerado como poco hombre. Ese odio hacia lo femenino y ese miedo a dejarse penetrar, ya no solo por un falo, sino también por el mundo, se traduce en ignorancia, misoginia y homofobia. ¿De qué manera el imaginario del macho como sujeto deseable perpetua la idea de que lo femenino no tiene valor? ¿Es posible crear puentes entre la militancia LGTB y el feminismo? ¿De qué forma las emociones más blandas, como la ternura, pueden ser catalizadores políticos? ¿Es posible romper el tabú de la masturbación anal en los hombres heterosexuales?
Hoy en Womansplaining: sujetos hermosamente penetrables
Las recientes denuncias que ocho mujeres hicieron en contra del director Ciro Guerra pusieron el acoso sexual en el centro del debate público. Se ha hablado de la manera en que el sistema judicial no protege a las víctimas, de la revictimización a la que se ven expuestas las mujeres que denuncian y de la manera equívoca en la que los medios de comunicación tradicionales hacen el cubrimiento del tema. Sin embargo, y como lo han notado pensadoras feministas como Nancy Fraser y Silvia Federici, detrás de los escenarios de acoso sexual en la industria audiovisual, también se puede vislumbrar relaciones laborales construidas dentro de una jerarquía y un contrato precario ¿De qué manera la informalidad laboral se convierte en un escenario que permite y normaliza el acoso sexual? ¿Por qué razón las mujeres que trabajan en cine sienten miedo de denunciar esas condiciones de acoso? ¿Es posible crear protocolos que protejan a las mujeres dentro de ese medio?
Hace algunos meses la periodista Andrea Aldana escribió un su Facebook un llamado a que otras mujeres periodistas se animaran a escribir crónicas de guerra. Aldana, quien es reconocida por escribir textos que dan cuenta de un país en conflicto, pareciera no tener miedo de transitar por los territorios más golpeados por la guerra. Sus textos, llenos de testimonios emotivos de niñas y adolescentes que se enamoran, luchan y sobreviven, aparecen como un testimonio necesario de una realidad sobre la cual los grandes medios parecieran no estar interesados. Así mismo, de la mano de los testimonios de mujeres y niñas abusadas y violentadas que han inundado los titulares de los medios de comunicación tradicionales, el cubrimiento periodístico durante la pandemia sobre la violencia contra la mujer pareciera seguir siendo amarillista y enfocado en las víctimas y no en lo sistemático que son estas violencias ¿Es posible hacer periodismo judicial con enfoque de género? ¿Acaso sigue existiendo un sesgo sexista en el que los temas “duros” son solamente para hombres? ¿Es más riesgoso para una mujer cubrir este tipo de temas? ¿Dónde quedan las emociones a la hora de escribir sobre conflicto?
Las medidas que la alcaldesa de Bogotá Claudia López ha tomado para combatir aglomeraciones y el colapso del sistema de salud han sorprendido porque han resultado represivas y violentas. El pico y género causó ataques a la población trans en la ciudad y, la muerte de Alejandra Monocuco por negligencia médica ha hecho que muches activistes cuestionen las políticas del Distrito por impedir que la población trans acceda a un servicio tan básico con el de la salud. En este clima de rabia y de acciones urgentes para reclamar estos derechos de las personas trans, sorprende que discursos feministas que rechazan la presencia de mujeres trans y de trabajadoras sexuales dentro del colectivo estén tomando más y más fuerza. ¿Cuáles son las tensiones entre el feminismo y el transfemenismo? ¿De qué manera los cuerpos de las mujeres trans, atravesados por múltiples violencias, han logrado resistir? ¿Cómo la creación de comunidad es también política?
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