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Es imposible pensar en las masculinidades sin pensar en las violencias. No solo porque el mandato patriarcal exige que todo cuerpo femenino o feminizado sea violentado, lo que se traduce en agresiones sexuales y feminicidios, sino porque también, durante siglos, las instituciones que han resguardado ese mandato patriarcal, como la iglesia y el ejército, se han valido de la violencia para disciplinar y endurecer los cuerpos masculinos. ¿De qué manera el mandato patriarcal se ha impuesto a través del vestir? ¿Qué tan frágil es la masculinidad? ¿Es posible hablar de nuevas masculinidades? ¿Qué hacemos con los aliades?
Si quedaron con ganas de saber más sobre lo que está pasando en Cuba, les dejamos esta recomendación del podcast Sudakas, dirigido por Sebastián Narváez. Una entrevista con la artista cubana Daymé Arocena.
Bienvenidos de vuelta a Sudakas. Esta es la segunda parte de nuestra conversación con Daymé Arocena, una de las caras más visibles de la nueva música afrocubana, residente en Canadá y una de las voces más fuertes de la diáspora durante el estallido social que se ha vivido en la isla desde el 11 de julio de 2021.
Quisimos hacer este episodio especial y dedicarle esta segunda parte para escuchar las reflexiones de Daymé desde el arte, sí, pero sobretodo desde la humanidad de una mujer que ha vivido este situación lejos de su familia y desde un punto de vista alejado de las versiones oficiales del estado que desconoce y reprime al pueblo cubano.
Como ella misma dice "toda la visibilidad y el apoyo que le puedan dar a lo que pasa en Cuba desde otros países, cuenta", así que los dejamos con Daymé.
Desde el pasado 11 de julio se desataron protestas masivas en Cuba que reflejan el descontento ciudadano frente al gobierno. Estas protestas fueron violentamente reprimidas, lo que mostró el talante autoritario de un gobierno que recurre a los cortes de internet y a la criminalización de la protesta. Lo que sucede en Cuba permite trazar paralelos con la manera en la que el gobierno colombiano ha afrontado el estallido social. Ambos gobiernos han abusado del discurso militarista y guerrerista que busca exterminar a traidores, vándalos y enemigos internos, pero que realmente busca minar la confianza en el poder colectivo. ¿Es posible analizar estos discursos militaristas desde un ángulo de género? ¿De qué manera las lógicas de la guerra consolidan un poder fundamentado a su vez en la lógica patriarcal? ¿Es posible pensar en una organización política ciudadana que no recurra a jerarquías y que no replique esos discursos patriarcales? ¿Qué papel están teniendo las mujeres en estas manifestaciones?
Hola queridxs oyentxs. Paso por acá a recomendarles este nuevo programa que estrenó 070 Podcasts hace unos días. Se llama Art.70 y es moderado por Catalina Ceballos.
En este primer episodio, Catalina Ceballos habla con los artistas, académicos y críticos Jaime Iregui y Lucas Ospina, sobre la relación entre el arte y la política. Sobre lo cual también escribió en El Espectador.
Art.70 es un nuevo podcast en el que hablaremos sobre lo divino, lo humano, lo imaginado, lo invisible, las expresiones artísticas, las prácticas culturales y la incidencia de la cultura en nuestra sociedad. Es moderado por Catalina Ceballos; antropóloga, ariana, madre de Elisa, hija de Leonor y Andrés, la banda que la hace cantar es The Cure y cualquier tambor la pone a bailar, opina sobre política desde la perspectiva cultural en su cuenta de twitter (@catalizate) y desde hace muchos años ahonda en los dilemas que surgen de pensar en lo que ocurre entre la ética y la estética.
La canción es Niebla de Felipe Orjuela.
En el texto “Hace falta una tribu”, publicado en la revista Volcánicas, la escritora Fátima Vélez analiza las maneras en las que la institución de la maternidad ha creado expectativas imposibles para las madres, llenándolas de culpa. Al entender la experiencia de la maternidad en una orilla diferente al de la institución, es posible atisbar cómo el imaginario de la buena madre, que siempre está dispuesta a sacrificarse por sus hijes, ha funcionado como un instrumento de control sobre el cuerpo y la subjetividad de las mujeres.
¿De qué manera es posible ver la institución de la maternidad de una manera crítica y llevar las prácticas del cuidado a un lugar que permita hacer una redistribución justa de las tareas domésticas? ¿Por qué el patriarcado ha insistido en crear una falsa polaridad entre las mujeres que deciden ser madres y las que deciden no ser madres? ¿Cuáles son las redes afectivas que involucran el acto de maternar y cómo esa inclinación hacia el otro puede generar espacios afectivos dentro de un sistema que los castiga? ¿Qué relación existe entre la familia y la propiedad privada?
En el prólogo al libro “Travesías. Memorias de personas transmasculinas en Bogotá”, el investigador Nikita Simonne Dupuis-Vargas define la categoría trans como las personas en todas las identidades, experiencias, corporalidades y deseos con la variabilidad de género. Esta categoría resulta interesante, pues permite pensar las experiencias trans no como un relato binario y lineal en donde de A se pasa a B, sino como un tránsito, una experiencia, en donde se pone el cuerpo en el centro. ¿De qué manera el relato psicofarmaceútico ha cooptado las representaciones culturales de lo trans? ¿Cómo pasan los saberes de cuerpo a cuerpo? ¿Cómo podemos entender la belleza de un cuerpo sin caer en categorías binarias? ¿Qué tiene de particular la experiencia trans en Latinoamérica?
Por lo general, los podcast hacen parte de mi día a día. Me acompañan cuando estoy haciendo las tareas de cuidado de mi casa, cuando cocino y, sobre todo, cuando estoy doblando ropa. Mientras los oigo, se me ocurren comentarios, lecturas que quisiera recomendarle a lxs anfitriones y mil maneras más de continuar la conversación con ellxs. Luego pienso que yo también tengo un podcast y que, seguramente, a mis oyentes les puede pasar lo mismo. Por esta razón abrí un Patreon: un espacio que busca ser un espacio de escucha y de intercambio más allá de una experiencia pasiva de audiencia. Me gustaría que en esta comunidad pudiéramos conversar sobre las preguntas que plantean los capítulos y que ampliáramos la discusión sobre temas de género. Además cada mes tendremos club de lectura, taller de escritura y encuentro con invitadxs.
Más información en: https://www.patreon.com/womansplaining
En el ensayo “Una carta a las escritoras tercermundistas”, la escritora chicana Gloria Anzaldúa habla de cómo las escritoras principiantes emiten un lenguaje inaudible para los autores que ocupan el poder letrado. En el ensayo ella se pregunta: “¿Quién nos dio permiso de escribir?” y responde de una manera muy lúcida que, aunque la escritura sea un camino tortuoso, ella escribe “porque la vida no apacigua miedos, ni el hambre. Escribo porque temo escribir, pero temo más no escribir”. En el último mes de movilizaciones sociales hemos visto en Colombia gestos de escritura que pasan desde el grafiti y el vogueo, hasta el derribamiento de estatuas. Sin embargo, quienes ocupan las esferas de poder letrado se preguntan hasta la saciedad por esos lenguajes que les parecen caóticos y que no pueden poner en un orden, pues son ajenos a las gramáticas tradicionales a las que están acostumbrados. ¿De qué manera el poder letrado y centralista ha ocultado otras escrituras que siempre han existido? ¿Por qué un gesto de escritura, como el tumbar una estatua, resulta tan valioso como poderoso? ¿Es posible escribir desde otro lugar que no sea el lugar racional del hombre blanco cisgénero y pasar esa escritura hacia el corazón, cómo lo manifestó la poeta afroamericana Audre Lorde?
Uno de los temas que más presente ha estado en las agendas del feminismo es el del espacio público. Durante décadas las mujeres, desde diferentes orillas, hemos reclamado la posibilidad de estar fuera de lo doméstico sin ver nuestros cuerpos violentados. Sin embargo, ese reclamo por el espacio público merece muchas más preguntas, sobre todo si se vive en una ciudad como Bogotá, en donde los únicos cuerpos que parecieran estar llamados a ocupar este espacio son los cuerpos de las clases altas, que controlan y generan prácticas policivas frente a otros cuerpos. ¿De qué manera el cuerpo universal blanco ha controlado la manera en la que ocupamos el espacio público? ¿Cómo la seguridad privada en Bogotá busca detener cuerpos que se salen de ese universal? ¿De qué formas algunas mujeres, que también cumplen con el requisito de clase y raza, vigilan los cuerpos de otras mujeres y restringen su lugar en el espacio público? ¿Por qué la protesta incomoda a estos cuerpos universales blancos que reclaman la protección de su propiedad privada?
https://failedarchitecture.com/delivery-workers-expose-the-troubling-ideology-of-public-space-in-bogota/
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