Me doy permiso para separarme y no estar con personas que quieren controlar mi tiempo: que me exigen explicaciones, justificaciones, argumentos, incluso para defender mi necesidad de parar y descansar. Me doy permiso, después del trabajo y haberme ganado el pan, para relajarme, y hacer o no hacer nada sin tener que darle cuentas a nadie. Mi tiempo es mi vida y mi vida es mía; a nadie le debo explicaciones. Me doy permiso para no andar corriendo por la vida sin vivirla atrapado por un trabajo estresante o por una familia exigente. Me doy permiso para hacer las cosas a mi propio ritmo y no acepto las presiones y las opresiones de los que quieren descargar sobre mi sus propias responsabilidades. Yo hago lo mío y los demás deben hacer lo suyo. Me doy permiso para volverme atrás y cancelar cualquier compromiso que haya adquirido. Naturalmente siguiendo una pauta interior de equilibrio y no dando vuelcos de una decisión a otra. Decido darme la posibilidad de cancelar compromisos que con frecuencia he ido aceptando y acumulando por presiones y que luego no puedo cumplir porque son excesivos. Me doy permiso para no autoesclavizarme con esos compromisos y me desdigo de ellos sin sentirme mal ni culpable.