El silbato de la Fundidora marcó por decenios el tiempo de los regiomontanos. Su sonido llegaba a todos los rincones de la ciudad, y señalaba las horas en que los obreros entraban y salían de la planta, para trabajar, para comer o para regresar a casa.
Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, cuyo primer alto horno fue construido en 1900 por la American Bridge Company, no es solo la legendaria fábrica que capitaneó la industria del acero en América Latina, sino el símbolo que contribuyó a forjar la identidad de tres generaciones.
Y en el año 2007, el gobierno del Estado de Nuevo León, con apoyo asesoría del Instituto Nacional de Antropología e Historia, emprendió el ambicioso proyecto de restaurar el coloso y, convertido ya en el Museo del Acero Horno 3.