Carlos ha sido testigo de las muertes que ocurren en los centros penales. Ocurren a diario, pero eso no lo dicen, lo ocultan. “Yo me afligía, había momentos en que pensaba que sería el próximo”, dice otro de los salvadoreños que estuvo detenido. A muchos los golpean y si mueren, les ponen en el expediente que fallecieron por Covid, afirma la fuente.
El mal estado de salud de los reos, los golpes que reciben y las muertes, fueron confirmadas por un custodio del penal Izalco, cuando iniciaba el régimen de excepción.
“Esas celdas son una bomba de tiempo”. “Cada noche pienso en esas madres, mujeres, hombres, que están dentro y que están fuera. Pagan justos por pecadores”, reflexiona.
El castigo implacable del régimen contra los “terroristas” se ensaña también con los inocentes, por el simple hecho de residir en una zona de bajos ingresos, por ser joven, obrero o estudiante, por parecer pandillero o por capricho de los policías y los soldados, dice el padre Rodolfo Cardenal, sacerdote jesuita de la UCA. Agrega que la negligencia gubernamental, por lo general, solo golpea a la población con menos recursos y más desprotegida; paradójicamente, aquella donde la dictadura concentra el respaldo incondicional.
Sin embargo, el respaldo al gobierno se está acabando dentro de los penales. De eso da fe Lidia, quien conoció a gente que trabajó con el gobierno y ahora están en un penal.