Aquella madrugada de enero, Lucía Pérez no la olvida. Tocaron la puerta y para que Juan, su hijo de 21 años, no se despertara se levantó despacio evitando hacer ruido lo menos posible. Eran las cuatro de la madrugada, pero en medio de la oscuridad supo que eran policías. Lucía hace una pausa, sus ojos se llenan de lágrimas cuando recuerda lo que le hicieron a su hijo. Juan padece de epilepsias desde los 14
años, casi no salía de casa, pues su enfermedad no le permitía trabajar.
El relato de Lucía deja ver una serie de arbitrariedades en la captura. Según comentó, los policías le preguntaron si su hijo tenía armas y de inmediato comenzaron a registrar la casa. Le preguntaron hasta por el televisor que tenía, a lo que respondió que se lo había comprado su hija.
Al no encontrar nada ilícito, le notificaron que su hijo tenía una orden de captura por el delito de extorsión. Lucía no sabe leer ni escribir, no pudo corroborar si en realidad se trataba de una orden judicial. Cuando a su hijo le notificaron el delito, ya estaba esposado y sobre el suelo.