En Pushtan, Nahuizalco, departamento de Sonsonate, viven tres hermanos: Diego, quien estudia segundo año de bachillerato; Carlos, que va a primer año en la universidad y Hugo, el hermano menor, que estudia tercer grado. Recibir las clases en modalidad virtual ha sido toda una odisea. Los árboles dejaron de ser parte del paisaje que veían camino a sus centros de estudios y se convirtieron en una especie de antena receptora de señal para sus teléfonos.
Su rutina iniciaba subiéndose a un árbol para descubrir en cuál había buena señal, una vez identificado, en lo más alto colocaban una silla para "estar más cómodos" recibiendo sus clases virtuales o enviando las guías de trabajo.
La señal de internet no siempre era constante en un mismo árbol. Si corrían con suerte encontraban otro en un terreno cercano, si no, debían caminar unos cuantos kilómetros en dirección al río Sensunapán, lugar donde en una ocasión les robaron uno de sus celulares. A pesar de esa experiencia continuaron cada día con la misma rutina para cumplir con sus obligaciones académicas.
Ana, la madre de los tres jóvenes, comentó que subirse a los árboles representa un riesgo que se agudiza en los días de lluvia cuando la conexión es nula. El peligro es mayor si deciden salir a buscar señal cubriéndose bajo un paraguas. “Es un riesgo, pero las ganas de estudiar es lo que nos empuja para lograrlo”, dijo Ana.