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De todos los castillos renacentistas que adornan el Valle del Loira francés, el Castillo de Chenonceau es quizás el más refinado. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, atrae cada año a casi un millón de turistas franceses y extranjeros. Este éxito mantiene ocupados a un centenar de empleados en Chenonceau. Ellos velan por la seguridad del recinto, restauran obras de arte y componen los ramos que decoran los pasillos. France 24 le lleva entre bastidores de este hermoso castillo.
Ubicado en la región de Lorena, en el este de Francia, el zoológico de Amnéville alberga a unos 2.000 animales. Estos incluyen 40 especies consideradas en peligro de extinción: desde tigres siberianos hasta rinocerontes blancos, gorilas y monos ardilla. Unos 150 empleados del zoológico trabajan las 24 horas en el cuidado de los animales. Preservar especies en peligro de extinción y concienciar a los visitantes sobre las amenazas a la vida silvestre también son parte clave de sus tareas diarias.
Es una historia de familia y cocina. Durante más de 70 años, en un pequeño pueblo de Indre, tres generaciones se han sucedido al frente del restaurante ‘La Promenade’. Nació en 1960, cuando Lucienne creó un pequeño bistró. Luego, Jacky, el hijo, tomó el relevo y ganó la primera estrella Michelin en 1989. Y es hoy el nieto, Fabrice, quien vela por este patrimonio gastronómico. Una conmovedora historia familiar cuyas mejores páginas quizás aún están por escribirse.
Se trata del extremo occidental de la Francia metropolitana, el último bastión de la humanidad ante la inmensidad del Atlántico. Ouessant, en Finisterre, es una isla agreste y fascinante a la vez, donde viven menos de 500 habitantes durante todo el año. Son pescadores, médicos o fotógrafos que dan vida a esta pequeña isla que da la sensación de ser el final del mundo. Allí descansan cinco faros que han guiado a generaciones de navegantes por estas temibles costas.
En el corazón de la campiña de Touraine, en el valle del Loira en Francia, se están desmantelando viejas turbinas eólicas mecánicas de sus mástiles para restaurarlas. Estas turbinas, que en el siglo XIX se usaban para bombear agua del suelo, se conocen como aerogeneradores Bollée, en honor a su inventor, Ernest-Sylvain Bollée. Hoy se les está dando una nueva oportunidad gracias al ingeniero aeronáutico retirado Jean-Claude Pestel y otros entusiastas de la región.