El agricultor que siembra en otoño no verá el fruto hasta meses después. Siembra de todas formas. No porque controle la cosecha, sino porque confía en el proceso que inició pero no puede manejar.
El Señor Jesús usó esta imagen para hablar del reino. Se siembra con fidelidad; Dios da el crecimiento. Ese principio libera al creyente de la presión de producir resultados y lo llama a ser fiel en el proceso. Hay actos de obediencia cuyos frutos no se verán de inmediato. Hay inversiones en la vida de otros que maduran años después y hay oraciones que se cosechan en estaciones que no planeamos.
Sigue sembrando, aunque aún no veas la cosecha.
La Biblia dice en 1 Corintios 3:7: “Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento”. (RV1960).