En 1971, los biólogos Roger Payne y Scott McVay publicaron en la revista Science que cada ballena jorobada posee un canto propio, irreproducible por cualquier otro individuo de la especie. Es decir, en millones de kilómetros de océano, cada ballena es reconocible por su voz particular. La creación misma parece diseñada con una identidad individual.