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Ni el papa León XIV le sirve para escapar de la corrupción que rodea al Gobierno, al partido y al círculo íntimo de Pedro Sánchez.
Pese a que el viernes negó que tuviera algo que ver con las «andanzas» —así las calificó— de Leire Díez, y de igual forma que fuese el «One», las anotaciones de la «fontanera del PSOE» lo señalan cada vez más.
En especial, dos letras: «P» y «S».
¿A quién pueden hacer referencia las siglas P. S.?
Está hasta la «Zeja».
Y todavía quedan cosas por salir.
Pedro Sánchez está «desnudo». Ya no hay cortafuegos que puedan servir para evitar que el marido de Begoña se chamusque.
Todos los imputados conducen a Pedro Sánchez.Si antes, de cara a sus militantes, sus socios y sus terminales mediáticas, podían aplicar cortafuegos y encapsular los casos de corrupción en unas cuantas manzanas podridas, la trama de las cloacas ha derribado cualquier defensa posible.Y es que el sumario que se conoció ayer es demoledor.
No todo pueden ser los escándalos de corrupción del PSOE.
También hay que actuar y ejercer el poder obtenido en las urnas. Finalmente, PP y Vox se han puesto de acuerdo para formar Gobierno en Castilla y León. A diferencia de Extremadura, el pacto no se ponía en duda y ha llegado más de dos meses y medio después de las elecciones autonómicas.
El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha dicho basta a las presiones de Moncloa y Ferraz.El único recurso que les queda a Pedro Sánchez y sus acólitos es enarbolar teorías de la conspiración ante la evidencia de que son un Gobierno corrupto y de que desde el PSOE se han establecido cloacas y acciones «marrulleras» de verdad.Al verse acorralados, los socialistas se han dedicado a repetir «lawfare» y a decir, con rodeos, que los jueces prevarican. Claro, los jueces que instruyen, juzgan —y condenan— las causas que señalan a miembros del PSOE y del Gobierno de Sánchez.
Cada semana es un infierno para Pedro Sánchez.
Ya no hay semana horribilis, sino años horribilis, tanto para el marido de Begoña como para los españoles que lo sufrimos. Y este inicio de mes se antoja muy caliente para el líder del PSOE, no solo porque su hermanísimo, David Sánchez, tenga que sentarse en el banquillo, al igual que su mujer, Begoña Gómez, y su gurú, José Luis Rodríguez Zapatero, por distintas causas, pero todas con un mismo hilo conductor: la corrupción y sus distintas formas.
Huyendo hacia adelante. Y con la chorra afuera. Pedro Sánchez se encuentra desplegando la «operación aguante»: resistir como sea y sin importar los escándalos que estallen y que hacen todavía más inviable no solo la legislatura, sino su vida política.El presidente de la corrupción está sepultado por los casos que salpican a su Gobierno, su partido y su círculo íntimo. No hay contorsión posible ni por parte de Moncloa, ni de Ferraz, ni de sus medios y periodistas palmeros que conforman la «Brunete Pedrete» para poder, ya no disculpar, sino explicar, al menos, cómo es posible que bajo su nariz se hayan establecido múltiples redes de chanchullos, tráfico de influencias, enchufes y operaciones políticas para acabar con rivales, jueces y medios críticos sin que él, el «number one», lo supiera.
Al paso que va, cualquier persona que haya saludado a Pedro Sánchez terminará imputada.Y es que el ‘mal ojo’ para juzgar el carácter de los demás ya no sirve de excusa para intentar reducir la corrupción a unas simples «manzanas podridas» dentro del PSOE.Lo que ha trascendido en los últimos meses es una gran trama de casos superpuestos de corrupción y de manejos mafiosos dentro de la Administración pública, en los que están implicados desde hombres de confianza y personas muy cercanas a Sánchez, como José Luis Ábalos, Santos Cerdán y José Luis Rodríguez Zapatero, hasta hermanos, esposas, empresarios, abogados, secretarias y hasta ‘fontaneros’.
La audiencia con el Papa León XIV se le atragantó.
En una operación que ya se antoja como el principio del fin para la era Sánchez, agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil han irrumpido este miércoles en la sede nacional del PSOE, en la calle Ferraz, con una determinación que no deja margen para la ambigüedad.
Ni cortapisas políticas, ni escudos institucionales, ni invocaciones a la estabilidad. La Justicia ha entrado a saco en el corazón del partido que gobierna España.
Cada día nos enteramos de un nuevo episodio del cuento que más terror provoca en el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez: El tesoro de Ali ZP y los 40 ladrones del PSOE.La historia va de un señor de «gran talante» que, tras gobernar durante ocho años, logró convencer a muchos de que fue un gran estadista pese a tensar el país por conveniencia para ganar unas elecciones, revivir el guerracivilismo o abrirle la puerta a los hombres de negro por su pésima gestión, entre otras grandes obras.
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