300 palabras para (des) aprender a vivir.

300 palabras para (des) aprender a vivir.

By Guillermo S. GiaquintaSociety & CulturePersonal Journals
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300 palabras para (des) aprender a vivir. episodes

  • Colchón de lana

    Le estoy empezando a agarrar el gustito a eso de la memoria senil.

    Digo, me sé de memoria 100 canciones viejas pero no me puedo aprender una estrofa de una nueva.

    Seguramente vine a este mundo con un cerebro con pocos Gigas.

    No soy de esos que tienen recuerdos frescos del pasado.

    Es más, me parece que vivo y borro.

    De mi infancia, tengo muy poquitos y de cada nueva etapa de mi vida, menos.

    Será por eso de la huella mnémica que dice Freud. Que se guardan sólo los hechos que dejan una huella bien marcada, por lindos o por feos.

    Pero bue, ahora, cualquier cosa me dispara recuerdos que no sabía que tenía guardados.

    Almorzando con unos amigos, uno preguntó si alguno de nosotros estaba tomando Viagra porque, textual: “encima que me echo tres polvos por año con mi mujer…”

    – Tres por año? – dije yo.

    Y ahí saltaron “los casados” con una batería de frases hechas y maniobras elusivas y chistes para evitar que se toque el tema en serio.

    No me enganché en esa ni en que los “no casados” no entendemos la diferencia entre “garchar” y hacer el amor.

    Hacer el amor!

    Siempre me pareció una frase Victoriana, pelotuda y mentirosa.

    Un eufemismo ocultador de la falta de deseo animal y puro.

    (Como “ir de cuerpo”. Ir de cuerpo? No, si vas a ir a cagar con el alma).

    Pero bue, no me enganche en esa. Se me vino el recuerdo de la cama matrimonial de mis abuelos con una tremenda loma en el medio.

    Ok, los colchones eran de lana y, también me acordé, del señor con la máquina para cardar colchones, ¿se decía así? a domicilio, obvio. Le sacaba toda la lana de adentro, la pasaba por ese rodillo con clavos y después lo volvía a llenar y a coser.

    Pero ese recuerdo me lo disparó que mi amigo quiera saber quién toma Viagra?

    No. Se ve que mi mente hizo la cuenta: 365 menos 3… son 362 días durmiendo uno de cada lado y haciendo que se forme una tremenda loma en el medio del colchón.

    Ok. Los matrimonios de ahora no son como los de antes.

    Ahora, la gran diferencia es el poliuretano de alta densidad. Indeformable, dicen.


    #memoriasenil

    #viagra

    #hacerelamor

    4 min
  • Aceptadores.


    Pertenezco a una generación que, pienso, ya no cambia más.

    Se nos ve vivir con una aceptación obligada del mundo que nos rodea porque si no lo aceptamos, nos bajan del bondi.

    Convengamos que aceptar suena  más a resignación que a entendimiento.

    Igual, aceptar se nos da bien.

    Porque fuimos entrenados desde muy chiquitos en la hipocresía.

    Y, casi ya no lo pensamos, pero seguimos convencidos de que hay cosas que no se dicen, cosas que no se preguntan y cosas que se resguardan en un necio “yo soy así”.

    Tengo varios grupos de amigos, de diferentes momentos de la vida. Muy diferentes todos, pero con ese común denominador que es el cariño que se conserva de aquellos momentos y esa gran cuota de cinismo necesaria como para poder reunirse a comer, reírse de lo que fue gracioso y prometerse el próximo encuentro, aunque te vayas confirmando que ahí ya no pertenecés .

    Una curiosidad: en cada uno de esos grupos, siempre hay uno que advierte, por whatsapp, “de lo que NO hay que hablar”. No vaya a ser que cada uno diga como anda piloteando la vida o de que lado estamos y se arme una polémica por un temita tan bobo como ese, la vida.

    (Cuando éramos jóvenes, comíamos poco y cualquier porquería y hablábamos mucho de la vida. Parece ser que ahora, comemos mucho y hablamos de la comida porque la vida es una porquería. No sé.)

    Y los aceptadores aceptamos que no se pueda decir lo que se piensa aunque nos toque salir en una foto brindando, abrazados a Videla, Yiya Muraro y Barreda, o similares.

    Ok. Aceptar esa cláusula, te asegura la superviviencia en el grupo. Es cierto.

    (El Silencio es Salud, decían en el proceso).

    Pero bue, como buenos aceptadores, aceptamos que lo único que queda es el cariño. Pero también podemos decidir si es suficiente como para sentarte en una larguísima mesa de almas “desconocides”.

    “No, no puedes ser feliz,

    con tanta gente hablando, hablando

    a tu alrededor”, decía Charly.

    Elegir lo cualitativo a lo cuantitativo?.

    Sí. Elegir. Siempre. Es lo que nos queda. Aunque nos bajen del bondi.


    #aceptar

    #deesonosehabla

    #desconocides

    4 min
  • Pinta tu aldea…

    En tres etapas de mi vida me fui de acá a vivir a tres lugares bien diferentes.

    Pero volví. Será mi lugar en el mundo?
    Ya es medio tarde como para trabajarlo en terapia pero, me encantaría saber por qué. Hay tantas cosas de la mendocinidad que detesto que no entiendo por qué sigo acá. Bueno, no la paso mal y tengo mi casa, que no es poco. Esas podrían ser razones suficientes.
    “No tengas una casa o te quedarás adentro”, decía un premio nobel de arrepentida juventud nazi.
    “Pinta a tu aldea y pintarás al mundo”, dijo Tolstoi. Aunque dicen que lo que dijo fue “Quien conoce su aldea, conoce el universo”. Pero bué, la otra no está mal, tampoco.
    Mi aldea gira socio, política y culturalmente alrededor del mundo del vino. De los bodegueros, bah. Irritante, no? Es la versión oficial, la versión Disney. No todo gira por ahí ni es la principal ni vivimos todos de eso. Pero bué.
    Noto, igual, que en estos tiempos estoy más complaciente y ya no me enoja tanto nada, ni me parece tan patético todo. Te diría que hasta la veo menos conservadora, ponele. Te digo más? Hasta gayfriendly. Milagros del turismo.
    Ya no me enoja que sea tema polémico y gubernamental y mediático la elección de una reina de la vendimia. Una reina (¿?).
    Ni que, cada año, mientras se hacen el casting y el guión y el cada vez más grande presupuesto de la  Fiesta de la vendimia, los cosechadores estén negociando el cada vez más pequeño precio del tacho.
    (Si se fijan bien, las dos noticias coinciden en la misma página de los diarios.)
    No me enoja más que nuestro máximo prócer mendocino sea correntino.
    Ni que nuestro folclore sea paisajístico, pro Virgen y sobre cuyanos medio alcahuetes.
    (Salvo el nuevo cancionero, con Tejada y Mathus y Tito Francia y tantos, pero esos se escuchan en Cosquín. )
    Puede ser que a todos y en todos lados les pasen cosas parecidas.
    Porai, irse o quedarse no es el dilema.
    Al final, uno siempre viaja con uno.
    Ojo, pintar una montañita con un laguito y una viñitas, no está mal, eh?
    A los turistas les encanta Mendoza!
    (Claro, qué vivos, vienen pero se vuelven).

    #fiestadelavendimia

    #tejadagomez

    #irseyvolver


    4 min
  • La culpa es de la gente.


    No hay nada peor ni menos recomendable, para mí,  que quedarse en la cama si te agarra insomnio.

    Por supuesto, recomiendan quedarse en la cama, no encender computadoras ni celulares ni televisores.

    Sugieren hacer largar respiraciones y concentrarse en ellas.

    Lo intento, no puedo, me levanto y me clavo una serie a las 4 y 20 de la mañana.

    Obvio, busco una de esas que tienen episodios cortitos, media hora, ponele. Las Noruegas son siempre buenas.

    A veces, no me da para concentrarme y me meto al Facebook.

    Grave error.

    No sé si es el algoritmo o la gente que has aceptado como amigues, pero te engancha como platito con maníes. No podés parar.

    Olvídate si te prendés en el hilo de algún “conocide”, “músique”, que abrió una polémica echándole la culpa a la falta de compromiso de la gente por no comprarle la música que hace. Uff.  Y se prenden al debate todas la disciplinas artísticas en un mismo hilo puteador. La culpa la tiene la gente, obvio.

    Todo bien, igual. Se entiende. Son tantos años dedicados a esa decisión unilateral de ser artistas sin haber advertido a tiempo que la pirámide del éxito era tan puntuda y que cabían muy poquitos. Son tantos años con más gente arriba del escenario que abajo que, es verdad, enoja un poquito. Y se enojan con el Estado, con el sistema, con Spotify, y con la gente y sus estúpidos gustos!

    Afortunadamente, me llegó el sueño.

    Me acosté agradeciéndome no haberme metido en la polémica.

    Porque Yo decía: – estás haciendo lo que querés. No es poco. Te gusta a vos lo que hacés. Genial. Pero quién te aseguró que lo que vos hacés le iba a gustar a la gente?

    Me parece que habría que revisar un poquito eso, aunque sigas haciendo la tuya. Por curiosidad, digo.

    Leonardo Favio decía: yo no hago cosas para la gente. Yo soy la gente.

    (Me encanta esa frase que dice que uno, en la vida, puede hacer lo que quiera. Lo único que no puede hacer es evitar la consecuencias).


    #culpa

    #consecuencias

    #exito

    4 min
  • Amores artificiales


    Ayer me vi una película distópica.

    Me encanta ese término. Describe mejor que futurista o ciencia ficción.

    Distópico es lo contrario a Utópico.

    En lo Utópico hay un futuro, un no lugar, en el que está todo bien.

    En lo distópico, está todo mal. Bueno, en las películas distópicas, los guionistas aprovechan para marcar hacia donde vamos si la seguimos haciendo como la estamos haciendo.

    En esta que vi, que se llama ELLA, muestra las soledades del futuro; los vínculos del futuro. Casi iguales que los de ahora pero con el dudoso aporte de la inteligencia artificial.

    Y ojo que ya está entre nosotros, eh?

    En una parte de la peli, la amiga del protagonista está haciendo un documental.

    Lo único que tiene para mostrar, de momento, es una larga toma fija sobre su madre dormida.

    Cuando le preguntan de qué va el documental ella les dice que (textual) “es sobre cómo pasamos la tercera parte de la vida dormidos y quizás sea el tiempo en que nos sentimos más libres”.

    Decime si esa idea no está maravillosa.

    Obvio que ya no se escucha eso de que dormir es perder el tiempo (como me decía mi viejo y eso que no eran ni las once de la mañana). Ya no se escucha porque ahora, tomógrafo de por medio, se sabe que si dormís bien producís más.

    Pero qué lindo pensar que los 20 o 25 años que vas a dormir en tu vida habrán sido tu espacio de mayor libertad.

    No se si es verdad, pero es bello.

    No lo podemos comprobar en nosotros mismos pero decime si no te ha hecho pensar que algo está bien,  cuando has visto dormir a un enfermo que sufría, o a un niño que extrañaba, o a alguien que hasta recién lloraba con desconsuelo.

    La película ELLA es sobre la posibilidad de que alguien se enamore de una compu, de una inteligencia artificial, llena de condicionamientos, de respuestas prefabricadas y con emociones lavadas.

    Igual, no se ve muy distópico el asunto, porque los vínculos artificiales, si mirás bien, están por todos lados.

    #distopico

    #utopico

    #espaciodelibertad

    4 min
  • Con "el aguante", alcanza.

    Una imagen maravillosa: padre haciéndole el aguante a su hijo treintañero que anda con el corazón “roto”.

    Yo me les siento de prepo en la mesa y pido un cortadito chico sin saber de qué iba la charla. (Es que me sonrieron y me saludaron. Cómo iba a saber!)

    A los tres minutos, los dos “hombres vividos” ya estábamos sumergidos en una gran cacerola haciendo un guiso de frases hechas que alguna vez nos sirvieron.

    El pibe, con una sonrisita tristona, mirando a uno y a otro y pensando vaya uno a saber en qué.

    Romper o seguir, esperar o huir, conceder o “morir con las botas puestas”.

    El amor que parece la única razón para estar levantado.

    El amor que no alcanza.

    El amor que se batalla.

    El amor que siempre se agota.

    Y lo peor de lo peor, el amor que, más temprano que tarde, ya no molesta más en las tripas. El amor que se olvida.

    Cómo hacerle entender al pibe que eso va a pasar?

    Me fui pensando si, entre tanta “sarasa”, le había dicho lo que realmente me ha hecho ver la vida de otra manera y que, lamentablemente, lo aprendí de veterano. Por si le sirve.

    (Creo que lo dije. No me acuerdo. Con mi amigo no hacíamos otra cosa que interrumpirnos).

    Lo que aprendí, tarde, es que el cerebro trabaja de cerebro. Como el riñon de riñon y el ojo de ojo.

    Y que saber detener al cerebro y decirle: ok, vos querés que pensemos en ella. De acuerdo, pero ahora no. Ahora ya no estamos juntos. Ahora ya no hay nada que agregar. Ahora voy a pensar en lo que quiera, en cualquier cosa o en nada.

    Detener a ese “mono picado por avispas”, como le dicen los budistas a la mente, es muy útil y muy aliviador. Hay técnicas.

    También confirmé mi teoría de que en lo emocional, no se aprende nada y que las experiencias amorosas no son aprendizajes, son simples anécdotas.

    (Si nos sacábamos una selfie con filtro, éramos tres pibes hablando de males de amor).


    #desamor

    #detenerlamente

    #hombresvividos

    4 min
  • Hacemos cosas raras.


    Tengo un gatito que tiene 18 días conmigo y probables 2 meses, de antes.

    El tipo, en este tiempito, me ha demostrado que viene con todo el kit de instinto completo.

    Al tercer día, ya hacía lo suyo en la bandeja sanitaria y tapaba el “sorullito” negro con piedritas. Ritual, este, para ocultar el rastro, dicen.

    A la semana, se adaptó a las dos perras que tengo. Más por la falta de bola que le demostraron ellas que por su valentía.

    Desde ayer, anda agazapado por el jardín, avanza de a tramitos, mira a los pájaros con actitud cazadora y, cuando escucha al perro del vecino, corre erizado y con la “cola en gancho” hacia la casa. Esto es, también aprendió hacia donde huir.

    Ahora juega con un corchito de champán como si lo hiciera con un ratón.

    Y cuando se cansa se viene a echar arriba mío.

    Tiene un hermoso y visible par de testiculitos los que, ya averigüé, en 4 meses más van a dejar de estar en él.

    Estoy convencido de que castrarlo es lo mejor, pero lo pienso.

    Hacemos tantas cosas raras, sin pensar por qué las hacemos, no?

    Me acordé de mi no rotundo a que le perforaran las orejas a mi hija bebé.

    – Que se los haga ella cuando cumpla 15. Tres por oreja, si quiere.

    Decisión polémica.

    Me acordé también de mi no rotundo a que mi hija fuera bautizada por un insistente hermano cura que tuve (lo sigo teniendo pero ya no es cura).

    – Que elija ella, cuando quiera, en qué creer o en qué no.

    Decisión muy polémica.

    Volviendo a los huevitos de mi gato.

    Es un crueldad castrarlo. Lo sé, pero bué. Acá no hay polémica.

    A él me lo regaló una nena que lo había encontrado tirado en la calle y que en la casa le habían dicho “andá a dejar a ese gato donde lo encontraste” y que ella no lo podía dejar en la calle.

    Es un hecho: los chicos vienen mejores.

    Él no me va a entender que no se puede andar por ahí haciendo hijos a los que no se les puede asegurar una buena vida; mucho menos, dejarlos abandonados y peor que tengan que depender de la escasa caridad de este mundo.

    Aclaro, por si alguien recién se engancha, estaba refiriendo a la castración de los gatos, eh?


    #castrar

    #mascotas

    #malascostumbres

    4 min
  • Eco confusión.


    Hoy, se vuelve muy complicado leer más de 10 páginas seguidas cuando desde la página 5 el cerebro te está pidiendo a gritos que te des una vueltita por Instagram.

    La cosa audio visual ganó, hace rato.

    Afortunadamente, los documentales son una forma maravillosa de estar actualizados, de saber qué pasa y dejar conforme al cerebro.

    Hace un tiempo que me enganchan los de la temática “estamos estrolando al planeta”. Hay muchos. Han superado al género Terror. No es para menos.

    Pero mientras más veo, más se me complica.

    Porque mientras uno te dice que la principal emisión de carbono la genera el arado de los campos y que cambiando la forma frenamos el problema,

    el otro te dice que hay que cambiar la energía fósil por las eólicas y solares y otras. Una campaña gigantesca, hecha por 5 poderosos.

    Energía que venden ellos. Y que esa campaña tiene como objetivo encubierto, quitarle valor al petróleo árabe y ruso para después comprarlo barato. Que es un tema geopolítico.

    Y estos 5 poderoso cuentan con nosotros, que nos comemos el amague con una candidez muy hippie.

    Los que veo que también se han comido el amague son algunos de nuestros artistas populares.

    Los que solían ser un “faro de verdad en la oscuridad de la mentira”. (Tomá mate).

    Los escucho cantándole al cuidado del arroyito, al yuyito y al agüita y a la Pacha Mama, con esa romantización de un planeta que, no sólo vivió millones de años sin nosotros sino que va a vivir otros millones más después de nosotros, sin angustiarse.

    Un planeta que, igual que la vaca, no da nada. Nosotros se lo sacamos de prepo.

    Me da la impresión de que si cambiamos la consigna de mejorar la vida de los perdedores de siempre por la de enfriar el planeta, estaríamos refrescándole la Tierra a sus propios dueños.

    Ok. Ni tanto que queme al santo ni tampoco que no se vea, dice el dicho.

    Las dos cosas deberían ser prioridades.

    Igual, se me hace difícil pensar a un Armando Tejada Gómez escribiendo que “a esta hora, exactamente, hay un grifo que pierde.”

    4 min
  • No te perdono.


    Qué poquita cosa te puede llevar hasta un malentendido gigante!

    Y, para volver desde ahí, hacen falta mil palabras de las que, seguro, sobran novecientas.

    Y, lo más probable, es que cada uno se quede con su paquetito de conclusiones listo para usar en el próximo malentendido y  nunca llegar a ningún lado.

    No me refiero a diferencias por cosa política o religiosa sino a esos malos entendidos en lo cotidiano con la gente que querés.

    (Parejas, hermanos, amigues).

    Aldous Huxley, el de Un Mundo Feliz, tiene una frase que me costó una “barbaridá” poder entender y memorizar.

    Pero cada vez que la repetía, en esa máquina extraña y extravagante que es el cerebro, se me iban prendiendo lucecitas.

    Cada vez me decía algo nuevo. Cada vez entendía algo viejo.

    Y me daba bronca no haberla conocido y memorizado de joven, porque era más fácil y porque me hubiera hecho menos difícil tanto rumiado de pelotudeces y tantas broncas al pedo, (conmigo mismo, siempre, obvio).

    La frase dice así:

    “Mejor que perdonar es sanar la imaginaria herida

    que el imaginario agravio abrió en el herido ego del aparente yo”.

    Guau. Somos mitad carne, mitad humo!

    Nos tomamos demasiado en serio, no las cosas, sino a nosotros mismos.

    Todo lo que nos pasa con los demás son interpretaciones recontra contaminadas por lo que somos, por lo que creemos que somos, por lo que pensamos que debería ser y por el buen o mal día que nos agarran, piloteando la vida.

    Bueno, dicen que no existe lo verdadero, que todas son interpretaciones.

    Puede ser.

    Súmale que el perdón no existiría. Que sería una pretensión psico/religiosa que se dice fácil.

    (Convengamos que si no podés entender no podés perdonar y si podés entender no hay nada que perdonar.)

    Va de nuevo.

    “Mejor que perdonar es sanar la imaginaria herida

    que el imaginario agravio abrió en el herido ego del aparente yo”

    No sé cuál será la tuya, pero mi conclusión es: “Somos raros, no?”

    4 min
  • La gente se muere.

    Voy a empezar con una en la que coincidimos todos.

    La gente se muere. Todo el mundo entiende eso.

    Que no es lo mismo que decir: La gente se “te” muere.

    Porque ahí hablás de la muerte de los tuyos y, entender eso, se pone un poco más complicado.

    Ni te cuento si tenés el raro privilegio de llegar a la sexta década.

    Porque a partir de ahí, como dicen, sólo queda perder.

    Perder flexibilidad, perder deseo, perder ilusiones, perder la paciencia y, lo más incomprensible, perder a la gente que querés.

    Debería haber un “taller obligatorio sobre la muerte de los otros” para los que no creemos en esa maravillosa esperanza de ingresar a la vida Eterna. (Ok, maravillosa si te toca Cielo). Un taller que enseñara a que no te duela tanto.

    Hace pocos días, pude estar con un amigo agonizante, sin poder creer pero casi seguros todos, que se moría.

    Si yo hubiera sido creyente, le hubiera dado ánimo y entusiasmo para iniciar esa nueva etapa. Hasta le podría haber dicho que lo envidiaba por lo que le estaba por pasar. Pero si no te la creés, se nota.

    Me repito, de memoria, ese poema de Benedetti que, de joven, creía que entendía.

    Cuando éramos niños

    los viejos tenían como treinta
    un charco era un océano
    la muerte lisa y llana
    no existía.

    luego cuando muchachos
    los viejos eran gente de cuarenta
    un estanque era un océano
    la muerte solamente
    una palabra

    ya cuando nos casamos
    los ancianos estaban en los cincuenta
    un lago era un océano
    la muerte era la muerte
    de los otros.

    ahora veteranos
    ya le dimos alcance a la verdad
    el océano es por fin el océano
    pero la muerte empieza a ser
    la nuestra.

    En su última noche, estuve con mi amigo el máximo ratito que pude aguantar.

    Me vió, me nombró, me sonrió y me dio la mano.

    Creo que no dije nada. (Qué decir?). No, sí. Le dije “tranquilo”, dos o tres veces.

    Alguien entró a la habitación y yo salí, casi huyendo y forzando una cara de nada. Nos habían pedido que, por favor, no llorarámos delante de él.

    4 min

About 300 palabras para (des) aprender a vivir.

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Nunca hicieron falta más de una o dos palabras para decir las cosas en forma sincera y, algunas pocas más, para abrir o cerrar capítulos enteros de nuestas vidas. 300 palabras parecen pocas pero son muchísimas si se ordenan, una detrás de la otra, y logran el objetivo de comunicarnos.