El hombre pone, Dios dispone, llega el diablo y todo lo descompone. En esta vida no hay mayor absurdo que el creer que todo saldrá como planeamos. A nadie nos gusta que fallen nuestros proyectos, estas ideas organizadas, estructuradas y sí tal cual planeadas. Pero entonces el destino nos recuerda que no somos dueños del control absoluto y que una llanta se puede ponchar, una manifestación puede bloquear el paso, una inesperada gripe nos puede estropear la salida y así un sin fin de situaciones inesperadas ponen en jaque lo programado. ¿Será el azar, el destino, la mala suerte o simplemente la vida que confabula para que pongamos en práctica la paciencia, la tolerancia a la frustración y la paz interna? Vamos al pasillo de mapas y agendas para conversar sobre los cambios de rutas, es decir, cuando las cosas no salen como esperamos y el plan se va al bote de basura. Toma tu carrito y llévate lo que quieras.