La ficción americana se ha visto siempre atraída por la denuncia de los abusos en la política. Me refiero aquí a películas o series basadas en hechos reales, pero no en directamente en casos sacados de la realidad.
Historias inventadas que intentan denunciar un trasfondo real de abuso, corrupción o manipulación.
Hemos visto a presidentes psicóticos a punto de llevar al mundo a su destrucción dispuestos a todo por ocultar sus trapos sucios, alcaldes corruptos capaces de sobornar o utilizar las adicciones de sus familiares mas cercanos para engañar una vez mas al votante.
Todo inventado, pero muy cercano a la realidad. Rozándola.
Hace algunos años una serie como Homeland mostraba en una de sus temporadas cómo un grupo ultraderechista mas allá de los republicanos mas extremos utilizaba sus abundantes fuentes de financiación y los conocimientos de un experto en redes sociales para desarrollar un sistema de análisis del “Big data”, esa ingente cantidad de información que cada uno de nosotros proporcionamos sobre nosotros mismos cada día con nuestro uso de los medios electrónicos.
Por medio de su programa los políticos elegidos podrían enviar mensajes personalizados a cada uno de los potenciales votantes.
Racismo para el racista, libertad de portar armas para los mas violentos... Una propuesta a la carta.
En la serie los planes de los malos son neutralizados por la protagonista, pero en la realidad no. “Cambridge Analytica”, la empresa que trabajó para la campaña del actual presidente, no era ninguna fantasía y su sucesora después del escándalo, Emerdata Ltd sigue haciendo hoy la misma labor.
A veces se da el caso contrario, y es la realidad la que parece reproducir lo que se imaginó como una ficción. Michael Dobbs, autor de la novela que dio origen a la serie “House of card” publicó un artículo en el Times durante la época en que que Boris Johnson y otros candidatos conservadores maquinaban la caída de Teresa May. Les pedía que no se empeñaran en repro